En las vísperas de las metamorfosis,
de todas las metamorfosis posibles,
existe un
laboratorio íntimo que está entre la luz y la sombra,
que adora los túneles y las
cavernas.
Pero en las planicies y en los desiertos,
solo se aligera el paso con el auxilio
de un recurso tan viejo como el hombre:
el deseo,
que toma desprevenida a un alma
y la hace suya.