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25 octubre 2011

(O)TANATOS




FOTOGRAFIA DAVID ESCUDERO




He soñado con flores

y con piedras


con el fuego originario

el fuego de la primera antorcha

como si fuera 

un mensaje en la botella.

Tú has soñado con lo mismo.

Mi sueño está en Madrid

en Casablanca

en El Cairo

en Nueva York

en China

y en Bombay.

En un infinito 

tránsito nocturno

de recuerdos cifrados.

Qué modelo 

de vida te separa

de tu más remoto

antepasado.

Su perfume se mezcla

de fluidos temporales

se aproxima

como un animal extinto.

Dame un poco de pintura 

y feromonas

y escríbeme en el cuerpo

tu proclama.

No puedo construir

en esta mansedumbre

tu voz es como

una pancarta ciega

una vejez sin rostro

un pelo rojo pagando

con manos excitadas

el billete de la lotería

un hombre con sus bolsas

que por fin esta mañana

logró que alguien le diera

su bocata de tortilla.

Lo ves?

Somos linaje de sueño y pesadilla.

No quiero amanecer

en este cuerpo prostituido

donde el futuro me depara

sólo a mí mismo.

Prefiero estar lejos

lejos

al otro lado

seguir siendo un espejismo

yo soy el paraíso

la tierra prometida

a la que vienen a morir 

de jornaleros

verás que te esclavizo

no tienes mis derechos

es mentira 

que seamos iguales

hasta para morir

eres sólo un eslabón

de mi cadena alimenticia

quédate donde estás

no vengas a comerte mis miserias

prefiero seguir siendo lo que creo

devorémonos los unos a los otros

en esta ridícula parcela

mientras se hidrata Europa

de sangre y de petróleo

desmiénteme

tu hambre y tu sequía

y grita

salvaje

hasta que me despiertes.


Adriana Fernández Lagoa© 




20 octubre 2011

RETIRADA

FOTO LUIS LUMBRERAS


Supongo que tendré que retirarme
a vivir un tiempo
atravesar esas cortinas de gasa
que acariciaban mi frente
cuando no medía
ni tres palmos
correr entre las hileras
desparejas de árboles azules
arremangarme de nuevo la camisa
para lavar mis brazos
en la fuente de tu cuerpo
y ver caer la lluvia a lo lejos
mientras se incendia el monte
sudar sin despertarme
de aquella pesadilla
y esperar que a mi mano
le quepan esos guantes
cuando llegue la nieve.
Sí, supongo que tendré
que retirarme a vivir un poco
antes de que llegue ese invierno
en el que tu sol se ponga.



Adriana Fernández Lagoa© 

18 octubre 2011

Adios Muchachos


Kafeontzia - Coffee Pot








Dónde desearías estar si no estuvieras?...

En ese limbo mágico 

donde se suceden las cosas con calma. 

Despertarse.

Ver salir el sol como ayer.

Comprobar que hay niebla.

Que en lugar de arrastrarme hacia Paris

me arrastro en una nube gris

por una carretera.


Adriana Fernández Lagoa ©



06 octubre 2011

Vete al cuerno...de África !!!

Me gusta el verano. El silencio pesado del aire.  
 Nunca pensé si moriría en invierno 
o en verano bajo una sombra de cuarenta grados.  
Nunca pensé tampoco si tendría que escoger 
a cuál de mis hijos darle la última gota de agua.   
Y veo cruzar por el cielo de este oscuro infierno 
un águila carroñera vestida de resplandeciente oro.  
 Debo haber cogido mal la carretera 
y me estrellé contra una roca antes de subir al avión que me trajo aquí. 
 En mis sueños anoche dejé Yibuti.  
Cuatro minutos antes abandoné Kenia. 
Unos novecientos mil somalíes están refugiados 
en países vecinos a causa de la sequía y la hambruna. 
Algunos llevan veinte años viviendo en el campo de refugiados, 
otros han nacido allí. 
 El de Dadaab supera las cuatrocientas mil personas 
pero sólo puede acoger noventa mil y continúan llegando unos mil trescientos al día. 
  El ocho llegó un avión 
con treinta toneladas de ayuda no alimentaria a Mogadiscio. 
 Pero hoy aterricé en Madrid.  
Calles Cortadas.   
Fiesta y algarabía motivadora para quinientos mil evangelizados.   
Pasado mañana estarán en sus casas 
contando el subidón del verano en Madrid.  
El jardinero vestido de blanco no advirtió
 que los olivos morirían en dos semanas si no eran trasplantados.   
En un imperfectísimo mundo tendría razón el jardinero, 
habría que llamar a especialistas para que los salvaran. 
Sus vidas se parecen cada vez más a las de unas escuálidas plantas
 abandonadas en un invernadero bajo el sol de África.   
Está científicamente probado 
que el ritmo cardíaco mínimo se registra cuando dormimos. 
 Y ya queda muy poca gente a la que le sigue latiendo el corazón
 de un modo casi imperceptible.  
Quedamos dos grandes bandos: 
los antropológicamente definidos 
y los que nos importan menos aún que los animales. 
Luego quedarán los sobrevivientes adaptados y los no adaptados,
 como yo que deben ser disciplinados para seguir siendo considerados humanos.
 Los no sobrevivientes ya sabemos todos quiénes son.   
Yo sólo soy un hombre, o una mujer, 
que corre detrás de sus propios pensamientos, 
un ser antropológicamente definido por ahora 
y sobreviviente inadaptado 
que apenas pretendo dejar un rastro de olvido detrás de mí.
   Al fin y al cabo un poeta es más que un payaso?  
 No tengo ninguna otra inquietud por las noches
 que aferrarme a mi almohada 
para que no me arrastre el naufragio del sueño.  
 Veo a través de sus ojos un futuro que me espanta
 pero mis propios ojos no ven nada ciegos de tanto imaginar. 
 Cuando era pequeña no importaba cuánto era mucho o poco.  
 La medida de la felicidad estaba en la sorpresa, 
en algo que hemos perdido irremediablemente 
si no somos capaces de trasplantar un olivo, 
aunque luego termine muriendo en la azotea
 de un piso ciento treinta y tres.  
Porque entonces ni los paneles solares 
ni sus ojos como arañas aterciopeladas 
extendidas vigilando el abismo podrán salvar ya nunca más a nadie. 
Estaremos todos ocupados en mantener quietas las aguas 
del espejo donde se reflejará Narciso. 
La principal ocupación de los privilegiados es la intriga, 
la red de influencias, el vínculo que los une al resto de privilegiados,
 un mundo de pirámides humanas 
en el que algunos seremos sólo abono y combustible.  
La libertad se ha transformado en una quimera, 
un concepto vacío, 
hemos sido empujados a no elegir eligiendo.   
Y como ya no es un bien común 
pues simplemente será abolida y reemplazada por la norma. 
  Fingiendo ignorarlo todo vamos dejando detrás un tendal de muertos.

Fotografía Andrés Serrano © 

25 septiembre 2011

DESAYUNO DE DOMINGO


FOTO © ANTONIO TABERNERO


Sube a una silla
y se trepa a un ventanuco
por el que sopla su alma.
Desacomoda
sus músculos faciales
para esculpir una sonrisa.
En una mesa doblada
por el agua
convoca al sol
de las miradas de su infancia.
Entre tantos productos
de la industria humana
se sirve miel en la tostada.
Ese líquido venerable
que transforma
en amables sus palabras.



Adriana Fernández Lagoa © 

21 septiembre 2011

UNDERGROUND STAR

Yo sólo creo
en mi "estrella underground"
porque cierro los ojos
y ella me canta

aún debajo de la tierra
una melodía de bronquios maltrechos.
Espero su música cada noche
encerrada en un cuarto de baño
porque ella es capaz de auyentar
cualquier fantasma
ella es el final de todas las pesadillas
y el alba de todos los insomnios.
Ella es mi "estrella underground".







Adriana Fernández Lagoa © 

12 septiembre 2011

PENTAGRAMA

Foto Rafael Ojea© 


Entre las sutiles notas
de tu vuelo
descansan todas las fronteras.
Quisiera atravesarlas
como el aullido
de un lobo hambriento.




27 agosto 2011

ESCONDITE

FOTOGRAFIA GUILLERMO ASIÁN ©


Sube...Sube...
Sabes?
Todavía te espero.
La brisa marcando
el compás de la tarde
de un día de enero.
Tus manos
apenas creciendo
(las venas fragantes)
recorren mi pecho.
La hierba en tu pelo.
El sol en tus ojos.
Saliva en los versos.


Adriana Fernández Lagoa©  

26 agosto 2011

NORNAS


Tres hilanderas tejen
sus arduas cabelleras:
Infancia y Senectud
en azaroso vuelo
dibujan un Presente
que se funde en arena.
Sabe a sudor tu boca
de verbos incompletos...
Una puerta entreabierta
aquilata el olvido
y te ofrece un camino
al arbitrio de un ciego.

Adriana Fernández Lagoa © 

19 agosto 2011

EL RIO


FOTÓGRAFO JR VEGA ©
http://maqroll.shutterchance.com/
Mis ojos
se deshojan en ti
luna rodada
hacia el presentimiento del mar.
Me vuelvo espacio
y eco
y reverberación de mí.
Me atrapo.
Me traspaso.
Soy flujo.
Corriente saliendo
de donde no puedo hallarme.
Del barro
que me habita.
No empiezo,
transcurro.



Adriana Fernández Lagoa©  

31 julio 2011

HARMONIUM

“Mira...Es una cuna” dijo Horacio acercándose.
“Y qué hay dentro? Preguntó ella.
“Es que no lo ves? Es una lengua. Una inmensa lengua
de un material muy extraño”



HARMONIUM


Hacía mucho tiempo que no nos tomábamos de las manos. Recorrimos la secreta tienda, ella me seguía sin ver nada, como una celadora o una enfermera. Yo creo que el error es que alguna vez la amé. Sí, la amé y eso cambió todo. Se mezclaba su silencio con los muebles kitsch, la numismática digna de Aureo & Calicó, un par de chelos y una pequeña guitarra portuguesa. El dudoso anticuario no nos despegaba la mirada, que pasaba obstinadamente de nuestras cabezas a unos espejos en el techo, que seguían mostrándole nuestras cabezas y en algún otro ángulo también le mostraba nuestras manos. Lo vi entonces. Apareció ahí arrinconado y cubierto de polvo. Era una época en la que gastábamos dinero en cosas inútiles, sin embargo no me atreví a preguntarle si le parecía buena idea comprarlo. Después de tantos años de advertencias y amenazas ya me había replegado. Era un objeto que si entraba en la casa saldría yo detrás sin ninguna duda por la ventana.  Y ella se encargaría de eso con la ayuda de mi padre.  Al cabo de un par de horas nos despedimos del improvisado salón de arte con un ademán imperceptible dirigido al hombre hindú que la regenteaba y salimos al aire fresco de la tarde. Se detuvo el autobús frente a nosotros y bajó un hombrecito leyendo un periódico amarillento. Sentí la misma inquietud que cuando me sentaba en el último banco de la iglesia y se acercaba poco a poco la mujer de la colecta, con esa bolsa oscura que representaba para mí las comilonas del cura. El pequeño hombre calvo miró de soslayo hacia atrás, hacia nosotros y se metió apresuradamente en la tienda, doblando bajo el brazo su ajado periódico.
“Alguna vez has estado al lado de un asesino sin saber que era un asesino?”. Mi pregunta no obtuvo ninguna respuesta. Así que continué: “Creces y te vas transformando en asesino sin saberlo. Ciertamente tú no lo sabes, pero lo eres.”
En ese momento seguramente ella pensó: “Deberías estar en ese manicomio” pero no lo dijo. El autobús giraba rodeando la plaza, bajábamos en cinco minutos.
Cuando desperté por la mañana me puse a recortar mis figuras de papel. Estuve un largo rato recortando una medusa sobre mi cama. Me levanté para ir hacia la cocina y me golpeé la cabeza contra una esquina de la pared. Recordé cuán lejos estaba del equilibrio. Me pasé la medusa por la herida. Se aplastó. Se desintegró. Se transformó en una escabrosa bola de papel que fue a parar a la basura.
Vi mi viejo teclado en un estante. Hacía meses que mis dedos temblorosos no coordinaban. Podrían morir en un cerebro para siempre el sentido del ritmo y la melodía?. Seguía lobotomizado, con una maleta cerrada y cargada con la mitad de mis cosas en el oscuro despacho, esperando en silencio una señal que me dijera: “Ahora!” Entonces recordé la tienda de antigüedades y aquel viejo harmonium. Tenía que conseguir que alguien me ayudase. Pensé en Francisco pero era de esos amigos que hacen ver que te ayudan y luego te delatan. Necesitaba que me trajeran el armonio a casa, que entrase sin que lo vieran y que fuese a parar directamente al despacho. Me encontraba algo confuso y obnubilado, me faltaban o me sobraban datos entre los recuerdos. Serían las pastillas. Habrían ocurrido realmente o eran invenciones de mi memoria? En cualquier caso a la mañana siguiente volvería por ahí y evitaría las pastillas. Quizás volviese a un lugar en el que nunca había estado.
Después de desayunar me fui paseando a pie por la ciudad. La vida me resultó mucho menos monótona de lo que creía sin los efectos del topiramato. Me convencí definitivamente de que el auto conspiraba contra mis percepciones, sensaciones y sentidos. Me estaba volviendo un paramecio. Detenido en medio de la acera, sin mi caparazón de ciento cinco cavallos y solo, reaparecieron mundos frente a mí que estaban secuestrados. Cuando iba con ella tampoco los veía, no percibía nada, sólo su permanente control, su cápsula, sus tentáculos. Su silencio vigilante, amenazante. Su habilidad para omitirme.
Llegué a la tienda y entré al mismo tiempo que lo hacía el hombrecito calvo. El vendedor hindú me reconoció de inmediato. Le pregunté por el instrumento y por las posibilidades de transportarlo. De pronto se me ocurrió que el pequeño hombre de los periódicos era un cómplice perfecto. Él tendría que mantenerla ocupada el tiempo suficiente para que estuviera terminada la mudanza.
Algo de ésto le dije y estuvo de acuerdo. Estuve por preguntarle cuánto costaban sus servicios pero me pareció que el precio dependería del trabajo que ella le diera, así que lo dejé en sus manos.
Acordamos con el hindú una fecha. Sería el martes por la tarde. Intercambiamos allí unas señas y quedó todo pactado con exactitud.
Decidí no hacer ningún cambio en mi mediocre existencia hasta el martes, porque si se introducen demasiadas variables las posibilidades de error se multiplican.
Era ya muy tarde el lunes por la noche y yo continuaba con la puerta del despacho cerrada y la luz encendida, un convicto por propia voluntad. Pero no quería retroceder, ni quería que me hicieran retroceder hasta caer de culo. A los cuarenta años ya había fracasado en casi todo y siempre a fuerza de retroceder como una herencia kármica. Ahí afuera estaba lleno de esa clase de monstruos que avanzan sobre peldaños de cabezas. Aún así la realidad nunca llegó a defraudarme completamente y muchas veces superó mis locas fantasías. Decidí que ya no quería pensar más por esa noche y me fui a dormir.
Por la mañana me sentí entusiasmado cuando ella me dijo que tenía un día muy complicado. Así que abrí el cajón de mi mesilla de luz y busqué mis tijeras. Esa mañana recorté gusanos, enormes gusanos anillados y cubrí las mantas de fauna cadavérica.
Como a las once y media llegó el armonio. Hubo que hacer toda clase de maniobras para meterlo por la puerta. Al cabo de dos horas estaba finalmente instalado en el estudio. Sentí la misma satisfacción que si me hubiese librado de algo podrido que ocultaba en el trastero.
De inmediato comprobé con euforia que todos los intentos por abolir el pasado habían resultado insuficientes. Estaban intactas en un cajón mis partituras. Era increíble que sobrevivieran a tantas mudanzas y a tantos intentos deliberados por extraviarlas. En medio de un silencio casi religioso comencé a tocar “Home Sick Home”, sin rabia y sin pastillas. Quizás había recuperado mis manos y mi música. Estuve encerrado horas. Extraviado en las profundidades del harmonium, con un éxtasis sexual, un orgasmo interminable y liberador.
En un instante de los que recuperé la compostura escuché sonar insistentemente el telefonillo. Atendí y entre los desafinados bocinazos que subían de la calle escuché su voz: “Ábreme quieres!! Dónde estabas?”. Aturdido cerré nuevamente con llave la puerta del estudio. Escuché detenerse el ascensor y abrí la puerta. Ahí estaba, despeinada y sucia. Como si fuera diez años más vieja y más verborrágica: “Te acuerdas de ese hombre bajito que vimos al salir del anticuario?  Es increíble, me preguntaste si alguna vez había estado al lado de un asesino. El muy cerdo me quiso robar el bolso. Lo tironeé justo a tiempo y tropezó. Aún están los bomberos recogiendo sus pedazos de las vías del tren.”






Para Flora del Valle  "HOMESICK"



21 julio 2011

EL UMBRAL

Foto Manuel Álvarez Bravo


Y si te ahorcaras 
con el nudo
de tu corbata?
Si dejaras por fin
el sordo sonido
de la habitación vacía?
Donde me mira
un cartel de la Garbo
estúpida Ninotchka.
No existe ningún dato
ni cómo
ni por qué de tu pericia
pero el amor se acaba
y llega el tedio.
Un rostro ligado
a la mitad de la existencia
y para sentenciarlo
no habría pruebas.

14 julio 2011

CUANDO DIOS SE IBA DE VACACIONES


Manuel Gutierrez Heredia


Entonces
Los sueños eran tan pequeños...
Apenas cabían en un día
En una larga mañana.
Aunque no se cumpliesen
Siempre un sueño
Rescataba a otro sueño.
Entonces
Subíamos a los árboles
Y creíamos que lo más alto
Para ver el mundo
Era el molino.
Entonces
Cada cromo era
Codiciada fortuna
Un tesoro que estaba
Allí
Para nosotros.
Y las celebraciones
Advenimientos milagrosos
De amores extraviados
Detrás de las cortinas.
Entonces las canicas
Tenían un sabor prohibido
Irregular, redondo
Del vidrio dentro de la boca
Necesitábamos dos manos
Para beber la leche
Y al dueño del balón
Esperando en la esquina
Seguimos siendo vagamente
Los de entonces
Que no éramos felices
Sino gloriosamente indiferentes.

01 julio 2011

Folie à deux


FOTO VARI CARAMES


Desde una esquina
del abismo
sentado en la cornisa
enciendes un Gauloise
para la espera.


Las hojas mueren
 en tu espalda
 y tú tripulas este banco
 de piedra a la deriva.

Un mar de otoño
 se envuelve a tus zapatos
 y tú me miras
 decepcionado
 melancólico
 bajito.

Ahí mismo donde fuimos
 dos niños
 dos hermanos
 dos amantes
 dos vecinos
 dos cuerpos
 dos amigos
 dos furias
 dos cadencias
 dos animales perdidos.