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20 diciembre 2011

Que Será, Será



"Discrepo con el modo
en que discurre mi pasado.
No logro hacer reír
a la niña que tengo
ahí sentada en la cocina.
Sus manos descansan
como pétalos
pero su corazón galopa".



04 diciembre 2011

EL HIJO DEL MINISTRO

     Creía que nunca me volvería a pesar tanto una valija como aquel flamante portafolios de cuero marrón del colegio. A la salida de clases formábamos un pequeño grupo con el tano Tenembaum, con Hojman, con el vasco Oyonarte y nos íbamos a la estación de Plaza Once, que quedaba muy cerca, para jugar a emborrachar nuestros trece años de marmotas con unos brillantes y sudados tubos de moscato; costaban chauchas pues lo verdaderamente codiciado y costoso era el especial de jamón y queso que vendían, con un pan blanco y crujiente de corteza blandita, que resplandecía dentro de una campana de vidrio, cargado de un jamón cocido que nunca más olió igual y un queso cortado a máquina, grueso y algo picante. Comer el especial implicaba el sacrificio de volver caminando a casa, y volver de Plaza Once a Plaza Italia era demasiado; quedaba muy lesionado al día siguiente, me costaba ponerme los zapatos y tenía que repartir paquetes en la fábrica de mi tío.  


     Mi padre era muy estricto acerca de que los niños manejáramos dinero, pero no era muy contemplativo de las leyes laborales y su peronismo no se aplicaba a la doctrina casera; a él, que en el barrio lo llamaban el Ministro, nadie le iba a reprochar que le saliera un hijo vago. Así que inventaba múltiples ocupaciones para nosotros, en lo posible siempre unos cuantos barrios más lejos de donde tenía su bulín, en el que vivió la mayor parte del tiempo la vecina, Antonieta.
     En todas las épocas hubo alguien que supo aprovecharse de las desesperaciones ajenas. Y en esa época fue Domínguez. Me había dicho: “Si me prestás las témperas, te compro un sánguche, un especial” . “Hecho”. Y en la clase de dibujo presencié indignado cómo apretaba los pomos despiadadamente, vaciando en las hojas Canson toneladas de pintura. Yo le decía: “Pará!” y él, cínico, repetía: “Me gusta la textura”.   Así que yo me consolaba pensando en el especial de jamón y queso y en cómo se me iba a deshacer dentro de la boca.
     A la salida fuimos a la estación a pedir nuestros moscatos y se nos añadió la apalabrada compañía de Domínguez, con los soquetes caídos y la valija escrita con birome. Al llegar a los mostradores que escondían los barriles, Dominguez pidió “un especial” y apenas se lo entregaron le hincó el diente de tal manera que se llevó por delante medio sánguche. “Qué me dijiste cara dura?. Teníamos un trato!”. “Sí, como vos decís, teníamos” y se echó a correr agarrando la valija.   No me dio tiempo de reaccionar o ahí mismo le hubiese puesto el ojo morado.  Pero les dije a los muchachos: “Mañana lo mato a piñas”.
     Me pasé el día disfrutando de la visión de la cara mormosa de Domínguez. Al llegar por la tarde al colegio se separaba la muchedumbre a mi paso como en un western que espera su duelo al sol. Se corría la voz por todas las aulas: “Hay piña”. “A la salida hay piña”.

FOTO ARTEOSCURA

     El retado a duelo ni siquiera se enteró por mí. La masa quinceañera lo aupó como posible vencedor antes de que se diera cuenta del tamaño de sus brazos y sus piernas de escarbadientes.
En el primer recreo desapareció la población escolar del patio; en cambio en Plaza Once, al pie de las masónicas cenizas del monumento a Rivadavia, se formó un círculo de guardapolvos grises. Domínguez y yo, frente a frente, separados por dos metros de polvo de ladrillo. Comenzó a saltar como un púgil peso pluma y a mover los puños de manera frenética, mientras su jopo engominado se resistía a caer sobre los ojos. Cada vez que yo tiraba un puñetazo gritaba “Oooooleeeee” y lo esquivaba. Pero en mi pecho y en mi estómago ardía la humillación del especial robado y la visión que me había alimentado durante todo el día. Entonces, sin amagar siquiera, embestí como un toro bravo; me tiré encima de él y empecé a pegarle en la cara. Veía sus ojos de terror y sus mejillas enrojecidas, pero todo en mi cabeza eran témperas y sánguches que gritaban “Justicia!”.
     Si nos hubieran separado un minuto antes se hubiera ahorrado el ojo morado pero, al fin y al cabo, tenía su lección y ya no se haría el listo con nadie. Yo, ese día me fuí a pie a casa. No me acuerdo de haber caminado, sino de haber sido transportado por mis pensamientos. Las témperas vacías que me compró mi vieja. Los paquetes inmensos que me esperaban en la fábrica. Los especiales que me podría haber comprado con un sueldo. Y la cara mormosa del Ministro, si verdaderamente existiera la justicia.


27 noviembre 2011

OTRO GATO DE CHOCOLATE

FOTO GUILLERMO ASIÁN


"Cual un gato
resbala el sol 
por los tejados
veinticinco centímetros
de cálido placer
a traves de mi ventana
otro jesús de chocolate
gime su condena
mientras yo escupo la mía
sobre el sofá, en un cuadro
de ketchup y mostaza
el chocolate me indigesta
cortaré mi cabeza
y la dejaré sobre la chimenea
al menos seré yo
mi propio trofeo"

Adriana Fernández Lagoa©

25 octubre 2011

(O)TANATOS




FOTOGRAFIA DAVID ESCUDERO




He soñado con flores

y con piedras


con el fuego originario

el fuego de la primera antorcha

como si fuera 

un mensaje en la botella.

Tú has soñado con lo mismo.

Mi sueño está en Madrid

en Casablanca

en El Cairo

en Nueva York

en China

y en Bombay.

En un infinito 

tránsito nocturno

de recuerdos cifrados.

Qué modelo 

de vida te separa

de tu más remoto

antepasado.

Su perfume se mezcla

de fluidos temporales

se aproxima

como un animal extinto.

Dame un poco de pintura 

y feromonas

y escríbeme en el cuerpo

tu proclama.

No puedo construir

en esta mansedumbre

tu voz es como

una pancarta ciega

una vejez sin rostro

un pelo rojo pagando

con manos excitadas

el billete de la lotería

un hombre con sus bolsas

que por fin esta mañana

logró que alguien le diera

su bocata de tortilla.

Lo ves?

Somos linaje de sueño y pesadilla.

No quiero amanecer

en este cuerpo prostituido

donde el futuro me depara

sólo a mí mismo.

Prefiero estar lejos

lejos

al otro lado

seguir siendo un espejismo

yo soy el paraíso

la tierra prometida

a la que vienen a morir 

de jornaleros

verás que te esclavizo

no tienes mis derechos

es mentira 

que seamos iguales

hasta para morir

eres sólo un eslabón

de mi cadena alimenticia

quédate donde estás

no vengas a comerte mis miserias

prefiero seguir siendo lo que creo

devorémonos los unos a los otros

en esta ridícula parcela

mientras se hidrata Europa

de sangre y de petróleo

desmiénteme

tu hambre y tu sequía

y grita

salvaje

hasta que me despiertes.


Adriana Fernández Lagoa© 




20 octubre 2011

RETIRADA

FOTO LUIS LUMBRERAS


Supongo que tendré que retirarme
a vivir un tiempo
atravesar esas cortinas de gasa
que acariciaban mi frente
cuando no medía
ni tres palmos
correr entre las hileras
desparejas de árboles azules
arremangarme de nuevo la camisa
para lavar mis brazos
en la fuente de tu cuerpo
y ver caer la lluvia a lo lejos
mientras se incendia el monte
sudar sin despertarme
de aquella pesadilla
y esperar que a mi mano
le quepan esos guantes
cuando llegue la nieve.
Sí, supongo que tendré
que retirarme a vivir un poco
antes de que llegue ese invierno
en el que tu sol se ponga.



Adriana Fernández Lagoa© 

18 octubre 2011

Adios Muchachos


Kafeontzia - Coffee Pot








Dónde desearías estar si no estuvieras?...

En ese limbo mágico 

donde se suceden las cosas con calma. 

Despertarse.

Ver salir el sol como ayer.

Comprobar que hay niebla.

Que en lugar de arrastrarme hacia Paris

me arrastro en una nube gris

por una carretera.


Adriana Fernández Lagoa ©



06 octubre 2011

Vete al cuerno...de África !!!

Me gusta el verano. El silencio pesado del aire.  
 Nunca pensé si moriría en invierno 
o en verano bajo una sombra de cuarenta grados.  
Nunca pensé tampoco si tendría que escoger 
a cuál de mis hijos darle la última gota de agua.   
Y veo cruzar por el cielo de este oscuro infierno 
un águila carroñera vestida de resplandeciente oro.  
 Debo haber cogido mal la carretera 
y me estrellé contra una roca antes de subir al avión que me trajo aquí. 
 En mis sueños anoche dejé Yibuti.  
Cuatro minutos antes abandoné Kenia. 
Unos novecientos mil somalíes están refugiados 
en países vecinos a causa de la sequía y la hambruna. 
Algunos llevan veinte años viviendo en el campo de refugiados, 
otros han nacido allí. 
 El de Dadaab supera las cuatrocientas mil personas 
pero sólo puede acoger noventa mil y continúan llegando unos mil trescientos al día. 
  El ocho llegó un avión 
con treinta toneladas de ayuda no alimentaria a Mogadiscio. 
 Pero hoy aterricé en Madrid.  
Calles Cortadas.   
Fiesta y algarabía motivadora para quinientos mil evangelizados.   
Pasado mañana estarán en sus casas 
contando el subidón del verano en Madrid.  
El jardinero vestido de blanco no advirtió
 que los olivos morirían en dos semanas si no eran trasplantados.   
En un imperfectísimo mundo tendría razón el jardinero, 
habría que llamar a especialistas para que los salvaran. 
Sus vidas se parecen cada vez más a las de unas escuálidas plantas
 abandonadas en un invernadero bajo el sol de África.   
Está científicamente probado 
que el ritmo cardíaco mínimo se registra cuando dormimos. 
 Y ya queda muy poca gente a la que le sigue latiendo el corazón
 de un modo casi imperceptible.  
Quedamos dos grandes bandos: 
los antropológicamente definidos 
y los que nos importan menos aún que los animales. 
Luego quedarán los sobrevivientes adaptados y los no adaptados,
 como yo que deben ser disciplinados para seguir siendo considerados humanos.
 Los no sobrevivientes ya sabemos todos quiénes son.   
Yo sólo soy un hombre, o una mujer, 
que corre detrás de sus propios pensamientos, 
un ser antropológicamente definido por ahora 
y sobreviviente inadaptado 
que apenas pretendo dejar un rastro de olvido detrás de mí.
   Al fin y al cabo un poeta es más que un payaso?  
 No tengo ninguna otra inquietud por las noches
 que aferrarme a mi almohada 
para que no me arrastre el naufragio del sueño.  
 Veo a través de sus ojos un futuro que me espanta
 pero mis propios ojos no ven nada ciegos de tanto imaginar. 
 Cuando era pequeña no importaba cuánto era mucho o poco.  
 La medida de la felicidad estaba en la sorpresa, 
en algo que hemos perdido irremediablemente 
si no somos capaces de trasplantar un olivo, 
aunque luego termine muriendo en la azotea
 de un piso ciento treinta y tres.  
Porque entonces ni los paneles solares 
ni sus ojos como arañas aterciopeladas 
extendidas vigilando el abismo podrán salvar ya nunca más a nadie. 
Estaremos todos ocupados en mantener quietas las aguas 
del espejo donde se reflejará Narciso. 
La principal ocupación de los privilegiados es la intriga, 
la red de influencias, el vínculo que los une al resto de privilegiados,
 un mundo de pirámides humanas 
en el que algunos seremos sólo abono y combustible.  
La libertad se ha transformado en una quimera, 
un concepto vacío, 
hemos sido empujados a no elegir eligiendo.   
Y como ya no es un bien común 
pues simplemente será abolida y reemplazada por la norma. 
  Fingiendo ignorarlo todo vamos dejando detrás un tendal de muertos.

Fotografía Andrés Serrano ©