Entrecerré mis ojos
demasiado cargados
por el resplandor de las alas.
En medio de las cuadrículas grises
y el Riachuelo
deposité el corazón
envuelto en azul y azufre.
Sobre la inmensidad marrón
de un río aceitoso
bajo mi vuelo
le dí cuerda a esa vieja botella
donde se ahoga una bailarina
entre la lluvia de pan de oro
que al ritmo del Danubio Azul
gira infinitamente sobre su caja de música.

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