Ni músculo.
Ni sangre.
Mi corazón se deja morder por la mirada.
Se come a pedazos pegoteados.
Se deshace en los dedos.
Se disuelve en la lengua.
Se encadena a la lluvia
y a las venas de sal de las lágrimas.
Se funde sobre fuego.
Se endurece en el roble.
Se viste de pétalos azules
y peces de colores.
No hay agua para su sed
ni monstruos para sus sueños.

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