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22 febrero 2011

LA MUJER BORRADA

    
     El amanecer le traía con la primera luz el angustioso roce de las sábanas sobre el muñón cicatrizado.  Podía ocurrir en cualquier momento mientras dormía, no tenía aviso ni presagios, tan sólo despertaba cualquier mañana y le faltaba un dedo, o una oreja, incluso una teta. 
     Esta vez pensó inmediatamente que tendría que levantarse con muletas.  Siempre las dejaba por si acaso al lado de la cama.  Se sentó y apartó las mantas.  Ahí estaba, perfecta y redondeada la rótula.  Media pierna menos. 
     Así que esperó, como hacía habitualmente durante unos minutos, a que el bálsamo de la resignación cayera sobre ella y le permitiera seguir andando mientras mecánicamente al menos le fuera posible.

2 comentarios:

  1. excelente. Saludos desde la tierra de los cuenta cuentos.

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  2. Impecable! Abrazos desde el sur del sur...

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