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26 junio 2011

MARIPOSAS DE LA SELVA

                                                                 
                                                                             


           Me desperté de la siesta con el olor de la iguana en las brasas.  Llevo varios días durmiendo en este catre mugriento que me trajo Don Tomás.  Es de la pensión del pueblo que ya no tiene inquilinos y tiene varias inscripciones obscenas en los laterales de madera.  “Negra sos una yegüa” es la más suave.  El vasco de las mariposas no entiende un carajo porque algunas están escritas en guaraní.  Yo no sé para qué se mete el viejo en estas cosas.  Cuando parece que la tarde deja suficiente resto de humedad en los cuerpos como para que se te peguen los mosquitos se despedaza el sol en la selva y entonces salimos de nuevo a caminar entre la maleza, con linternas y machetes esperando que aparezcan las nocturnas.  De día solamente le saca fotos a las libélulas y a la noche es cuando prepara sus capturas, busca especies que no tendrá en su colección de vasco boludo.  A quién se le ocurre coleccionar mariposas.
          Hoy los loros parecen muertos de sed y muerden los alambres de las jaulas con ese ruido molesto que me hace daño en los dientes.  Yo también siento la lengua como si fuera un loro.  Y éste dice que quiere tener la colección más grande de Europa.  Se tomó una licencia de dos meses en el laburo para venir al veranito de la mesopotamia.  Linda pieza.  Don Tomás es otro boludo que se anota en todas.  Ahora tenemos que pasearlo a este por la selva para que "case" mariposas.  ¿Cuánto le pagarán al viejo?  Era mejor que me hubiese quedado de cartonero en la capi.  Si no fuera por mi viejo que se puso pesado para que me fuera estaría en “naca”, mucha merca en los últimos meses.  Por lo menos cuando no había movida salíamos con Papatré a buscar chatarra y después hacíamos esas lindas esculturas en el taller de Postigo.  Si ese salame de Postigo no se hubiera suicidado, a quien se le ocurre tirarse por el balcón en la casa de otro.
          Lo único que me salva del aburrimiento son las tetas de Isabelita.  Qué hembra.  Don Tomás no se da cuenta que la hija en Buenos Aires podría hacer fortuna.  Con esas tetas...  Se le pega el vestido como a mí se me pegan las fantasías cuando la veo, crecen los ratones en mi cabeza y después no paran de roer hasta que me duele el brazo.
          Yo al vasco casi ni le hablo.   Le digo “vení por acá”...” ahí no pisés” y punto. Él seguro que también se dio cuenta de las tetas pero se hace el fino.  Le dije que se atara los pantalones con una cuerda para que no se le engancharan y se me cagó de risa.  Yo lo miro.  Lo observo mucho cuando se pone a sacar fotos.  Me quedo quieto abajo de un árbol sacando punta con el machete y el tipo se va metiendo otra vez por el camino desmalezado.  Parece algo religioso.  Será un chupacirios.  Camina dos kilómetros cada domingo para ir a misa.  Acá los guaraníes no usaban santos, las imágenes y las iglesias las trajeron los curas.  Sin embargo son muy creyentes, pero de la naturaleza.  Si al vasco lo hubieran visto los verdaderos guaraníes "casando" mariposas se lo desayunaban.   Éste lo único que debe saber de la selva lo debe haber visto en Tarzán.  Cuando ve pasar a la “Bela” (como la llama el viejo) el vasco cierra los ojos.  Y a mí me da risa y pienso: “No te excités cachafáz, que el viento viene de atrás.”
          Pero la selva no se acaba nunca.  Detesto a la gente que colecciona cosas y es prolija y correcta.  Prefiero a los que viven con el estruendoso ruido de los que no saben vivir.  A mí rara vez me dejan hablar porque piensan que soy un loco peligroso.  Pero podría contar más historias que las que se escriben en los libros. De verdad.  La calle da para mucho.  Vivir en la calle es lo que tiene, vas conociendo a uno y a otro y de repente el mundo se te llena de vecinos, que están ahí como si fueran a prestarte azúcar o a cuidarte el perro, pero sin domicilio fijo.   Una vez cuando fuimos con Papatré a Cabo Polonio nos quisimos quedar a vivir en esa playa vieja donde hay un faro muerto, y algunas casas de madera que de vez en cuando se incendian porque no tienen luz.  Pero es el lugar más triste y más hermoso del mundo.  
          Tenés que tener mucha plata para vivir ahí sin hacer nada.   No hay basura. No hay nada que vender.  Sólo las dunas que se mueven de un lado para otro y cambian el paisaje.  Lo malo es que la gente rica siempre está ojeada y tiene la manía de inventar palabras.   Por eso la selva se apiada visceralmente de los pobres.  En la selva se reducen las expectativas y las necesidades.  Yo que me iba a imaginar que las cosas iban a terminar así.  Ahora por un tiempo me tengo que quedar con Don Tomás porque si no me guardan a la sombra.
          Hoy me lo voy a llevar bien lejos al vasco, donde no pueda volver.  Que se quede con la linterna dando vueltas y  "casando" mariposas.   Con suerte lo pica una yarará y se lo comen los aguará guazú.   Lo malo es si me preguntan.   Me hicieron cargo de este paquete y Don Tomás es buena persona.  Me la banco por la “Bela”.  Si Isabel no tuviera esas tetas el vasco ya estaría muerto.



3 comentarios:

  1. Cada nuevo escrito es mejor que el anterior. Este especialmente me parece estremecedor a la par que excitante, doloroso e insinuante.
    He leído por ahí que recuerdas a Isabel Allende. A mí no me gusta especialmente; quizás uno o dos títulos. En cambio, tú sí me gustas.

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  2. LOKY COMO SIEMPRE SORPRENDENTE E IMAGINATIVA, COMO ME DIJISTE ME CAGUE DE LA RISA PERO LO DISFRUTE MUCHISIMO,REALMENTE BUENO, UN GUSTO, NO PARES!!!!
    BESO ENOERMEEEEEEEEEEEEE
    CORA

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