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22 marzo 2012

Las Palabras


"Las palabras conforman nuestra realidad. A menudo escuchamos decir:"lo que no se nombra no existe"...El verbo echó a rodar la vida, que se fue enriqueciendo con el valor simbólico de la palabra, aquella que concentra lo más trivial o lo más trascendente. La palabra evocadora, guerrera, tranquilizadora, motivadora, la que lleva toda la carga del universo de quien la pronuncia y de la voluntad con que es pronunciada. Sólo basta ver su efecto inspirador a través de la historia. Sin embargo hay palabras que decimos poco: hijo, madre, padre, te quiero, siempre, me haces falta, me emocionas. Hay palabras que, pronunciadas, generan una onda expansiva, una energía demoledora. Palabras que nos conducen por el laberinto de las emociones si estamos dispuestos a escuchar la voz adecuada. Y también existe el efecto liberador de la palabra. Como vehículo para soltar frustraciones y angustias, el mapa del dolor en los fonemas. Dice Alex Rovira en su libro "Palabras que curan" citando a Jordi Nadal que "a quien más teme el dictador es al poeta. Por ello el ser humano que pone voz a lo esencial, desde la desnudez, el que sana el alma individual y colectiva con la voz, con el verbo, acostumbra a ser el primero en morir fusilado o con un tiro por la espalda". Somos dictadores de nosotros mismos, amordazamos los sentimientos y los miedos para no decir con la lucidez y con la inocencia de aquel niño del cuento: "El Rey está desnudo!" Elegir las palabras adecuadas es un ejercicio que lleva toda la vida. Y no hay nada tan triste como enmudecer por temor a pronunciar la palabra reveladora, aquella que pudiendo arrojar luz sobre la conciencia, percatándonos de que estamos aquí independientemente de nuestro nombre y de nuestro cuerpo, calla y nos sumerge en el silencio y en la sombra. La palabra como mantra, liberadora de la mente, protectora de los ciclos del pensamiento, la palabra como ritual de comunicación con los demás y con nosotros mismos, la palabra como carga poética.
En una explosión cósmica dice Paul Elouard:
"Al alba te amo
tengo toda la noche en las venas"
Y Vicente Nuñez:
"Me hubiera gustado y sé que no lo he conseguido, ser un poema"
Pero para mí, el súmmum de la coexistencia entre hombre y poesía es este párrafo de Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal:
"La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte. Y no había lágrimas en nuestros ojos ni pesadumbre alguna en nuestros corazones; porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas frágiles) nos parecía llevar no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido"
Adriana Fernández Lagoa ©

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