"Discrepo con el modo
en que discurre mi pasado.
No logro hacer reír
a la niña que tengo
ahí sentada en la cocina.
Sus manos descansan
como pétalos
pero su corazón galopa".
Ni músculo. Ni sangre. Mi corazón se deja morder por la mirada. Se come a pedazos pegoteados. Se deshace en los dedos. Se disuelve en la lengua. Se encadena a la lluvia y a las venas de sal de las lágrimas. Se funde sobre fuego. Se endurece en el roble. Se viste de pétalos azules y peces de colores. No hay agua para su sed ni monstruos para sus sueños.
Una calle y después La noche. Dos perros Ladran su insomnio A las estrellas. Me espanta La soledad del universo. Cuento lagartijas En la sombra. Sobre las piedras Un gato encuentra El postre. La vida Es lo que ya pasó.
¿ Y si tal vez, para salvarte de tí mismo, reconstruyeras las palabras que murieron derrotadas por el silencio de los besos ?
Vino a buscarnos la ceguera
con un manto de niebla y de locura.
La bendición de las sombras
cuando el sol y lo que no es el sol
te queman.
La maldición de la oscuridad
del alma en la basura.
El olor de la piel.
Sudor y chamusquina.
Descalzo. Anómalo.
Circunflexo.
Muerte a los gramáticos
y a los psicólogos
y a todos los que portan la palabra
como un nervio axilar que enciende el plexo
raquídeo y mixto
en brazos infinitos.
No es odio. No.
No te equivoques.
Es dolor visceral
universal
enfermo
por haberte dado tanto
tiempo de descuento.
No puedo abarcar la inmensidad
entre tanto pequeño desconsuelo
lo inmensamente bueno de estar solo
finalmente en silencio
escuchando el destino de los astros
las inefables y ruinosas
mañanas de los muertos
cuando las viejas se acercan a sus tumbas
a poner flores y llevarse tierra en el pañuelo
despuntar el lápiz sobre una papelera rota
hasta que desaparezca entre los dedos
y mirar una estrella hasta que caiga
o morder tu boca hasta que se convierta en beso.