Subió al tren de las doce.
La ventana entreabierta
y la brisa pasaba
y pasaba la noche.
Su pelo le marcaba
la dimensión,
el rumbo,se apagaron las luces
y comenzó el viaje.
Cruzaron todo un bosque,
una foresta inmensa
de húmedos helechos.
Ella miraba al frente
y el horizonte huía,
él ansiaba abrazar
otro que se acercaba.
Tumbados frente a frentenotaron que el vacío
rozaba sus miradas,
que cada uno viajaba
en un tren diferente.
Aún así se amaban,
se olían, se tocaban
en un vagón imaginario
en el que se prendían
fuego las palabras,
los labios se tornaban
jinetes de carmín
sobre las blancas sábanas. De rubias Afroditas
se poblaron los andenes
y sus cuerpos se apearon
en estaciones con lunas
para verse desnudos
y retomar el viaje
con la piel entrelazada.
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| Foto Berenice Abbott |

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