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25 marzo 2011
ADIOS BUENOS AIRES
Rumor de verano en las esquinas
vaivén de baldosas flojas
sonidos perfectos y esperados
que pueblan mi memoria.
Los gestos familiares que atraviesan
en un relámpago las fotografías.
Camino libre sin itinerario
las gentes por las calles
van y vienen de a cientos
como hormigas
entre autos,
colectivos, bicicletas
bendiciendo los últimos
calores de la tarde.
Tres o cuatro se suman
a la mesa de un café
y dos se abrazan
sellando un reencuentro.
Camino y contamino mis recuerdos
uno por uno,
la singularidad del éxodo
que nos vuelve a casi todos
como recién llegados
o partidos por el medio,
ya no tenemos barrios ni vecinos.
Ligeras mis alas
van buscando vuelo.
Dejé el corazón,
ahogado en marrón
de un río de barro.
Volví a darle cuerda
a esa vieja botella
donde la bailarina
bajo nieve dorada
danza infinitamente
el Danubio Azul
sobre su caja de música.
ADIOS BUENOS AIRES
Entrecerré mis ojos
demasiado cargados
por el resplandor de las alas.
En medio de las cuadrículas grises
y el Riachuelo
deposité el corazón
envuelto en azul y azufre.
Sobre la inmensidad marrón
de un río aceitoso
bajo mi vuelo
le dí cuerda a esa vieja botella
donde se ahoga una bailarina
entre la lluvia de pan de oro
que al ritmo del Danubio Azul
gira infinitamente sobre su caja de música.
demasiado cargados
por el resplandor de las alas.
En medio de las cuadrículas grises
y el Riachuelo
deposité el corazón
envuelto en azul y azufre.
Sobre la inmensidad marrón
de un río aceitoso
bajo mi vuelo
le dí cuerda a esa vieja botella
donde se ahoga una bailarina
entre la lluvia de pan de oro
que al ritmo del Danubio Azul
gira infinitamente sobre su caja de música.
01 marzo 2011
27 febrero 2011
MADONNA
SI DIOS FUERA UNA MUJER
¿Y si Dios fuera una mujer?
Juan Gelman
¿y si dios fuera mujer?
pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina
desnudez
para besar sus pies no de bronce
su pubis no de piedra
sus pechos no de mármol
sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del
infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles
ay dios mío dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería
qué venturosa espléndida imposible
prodigiosa blasfemia
¿Y si Dios fuera una mujer?
Juan Gelman
¿y si dios fuera mujer?
pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina
desnudez
para besar sus pies no de bronce
su pubis no de piedra
sus pechos no de mármol
sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del
infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles
ay dios mío dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería
qué venturosa espléndida imposible
prodigiosa blasfemia
Mario Benedetti
26 febrero 2011
A MARQUESIÑA
A Marquesiña temblaba con sólo recordar como A Marquesa se quitaba el anillo. Tres dedos flacos ceñían su anular por la base para desnudarlo de un pedrolo que podía dejar alguna huella. Solamente le pegaba con la mano del revés y sus nudillos eran gruesos como nueces. A Marquesa era una mujer de peinados altos, voluptuosos y pomposas faldas. Siempre parecía irritarse con su proximidad y giraba la cabeza soslayándola, frunciendo el ceño como si estuviese oliendo a establo. En casa de A Marquesiña no había agua, así que cuando llegaba al Pazo por las mañanas todavía no se había lavado las manos. Pero su naríz... Su naríz aún estaba impregnada por los narcisos y las amapolas de los pechos de A Marquesa. Lo primero era preparar el desayuno y luego limpiar uno por uno todos los crucifijos del Pazo. Una de las principales excusas para el castigo eran las telarañas. Así que cuando sucedía algo inesperado que podía quebrar esa rutina profiláctica A Marquesiña en seguida reconocía esa mirada. Una mezcla de amenaza y placer que le traía de inmediato a su mente el anillo.
22 febrero 2011
LA MUJER BORRADA
El amanecer le traía con la primera luz el angustioso roce de las sábanas sobre el muñón cicatrizado. Podía ocurrir en cualquier momento mientras dormía, no tenía aviso ni presagios, tan sólo despertaba cualquier mañana y le faltaba un dedo, o una oreja, incluso una teta.
Esta vez pensó inmediatamente que tendría que levantarse con muletas. Siempre las dejaba por si acaso al lado de la cama. Se sentó y apartó las mantas. Ahí estaba, perfecta y redondeada la rótula. Media pierna menos.
Así que esperó, como hacía habitualmente durante unos minutos, a que el bálsamo de la resignación cayera sobre ella y le permitiera seguir andando mientras mecánicamente al menos le fuera posible.
19 febrero 2011
ANTONIETA Y EL MINISTRO
Antonieta era de esas mujeres cuya capacidad histriónica estaba profundamente ligada a la atención que le dispensaba su público. Jamás se preguntaba cuál era el papel que debía interpretar para los próximos minutos, eso ni se le cruzaba por la cabeza. Tenía un don innato, una fuerza, un fuego interior que la derretía y la transformaba alquímicamente en cualquier cosa, la ponía lo mismo en trance que en éxtasis. La tarde que murió su madre estabamos todos encerrados en una viciada habitación oscura, donde apenas resistían los pabilos por la falta de oxígeno que provocaban las flores. Como si hubiese caído presa de un espíritu que la poseía gritó: "Bueno, yo no quiero que ésto parezca un velorio, así que ahora todos a contar chistes!!!!" Y soltó una carcajada histérica que nos empujó a cometer la forzada escenificación de un burdel en medio de una sala mortuoria. Es bien sabido que el humor y la muerte mal se llevan, pero en ocasiones hay un insano placer en presentarlos. Al cabo de dos horas estaba a las puertas del velatorio una patrulla policial pidiendo que guardáramos el orden y el decoro, pues los deudos del finado del piso de arriba se quejaban de nuestras risotadas.
Pero Antonieta igual que hizo aquello podría haber hecho cualquier otra cosa, podría haber estado esas dos horas tirada sobre el féretro abierto, abrazando en medio de un mar de llanto los despojos de su madre muerta. Y a pesar de todo esa tarde en medio de las caras largas que sobrevinieron a las risas, a pesar de las enormes coronas que impedían el paso atravesadas por lazos que rezaban "Tu familia", "Tus Amigos", "Tus Compañeros de Trabajo", llegó el Ministro montado entre los redondos cantos de su Jaguar, a la misma hora de siempre. Esta vez para dar las condolencias a Antonieta y el último adios a su vecina.
No hizo excepciones, igual que cualquier otro día de calor, esos en los que el mercurio tocaba los treinta y ocho grados a la sombra en una Buenos Aires donde quemaba hasta el zumbido de las chicharras, el Ministro se bajó del auto en calzoncillos con los pantalones prolijamente doblados sobre el brazo. El barrio parecía un sainete, un cruce caprichoso de vidas entre los adoquines por los que aún pasaba el tranvía.
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| FOTOS ALICIA SEGAL |
02 febrero 2011
HOMÓGRAFOS
las infames palabras malgastadas.
Ignoran su acepción, domesticadas
en la prisión de un fértil diccionario.
Se encadenan a su significado
de nimia variedad de enciclopediacumpliendo el triste rito cotidiano
del contenido hipócrita que encierran.
No pueden mencionar lo que no existe.
Con silenciosa inequidad y engañopronuncio uno por uno los vocablos
que al golpear con mis labios se resisten.
Se transforma en homógrafo el Hambre,
ya no es el hambre light, es Hambre inmunda,
Hambre feroz matada por el Hambre.
Descarrila en los folios el lenguaje,
en la tinta de una pancarta burda.
Cáscaras secas caen de mi boca
nombrando Horror, Pobreza y Resistencia.
La justicia, una fantasía obscenadeja una trampa absurda en los fonemas,
nos niega la Verdad de Miserables.
31/01/2011
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| FOTO WERNER BISCHOF |
24 enero 2011
RECUPERAR LA CORDURA
Perder
por extenuación
la adicción a tus pociones.
Matar al galope al corazón
y que enmudezca.
Que se apriete como un puño
aunque quiera buscar
como flecha su diana.
Soltar las cadenasal fantasma de tu cuerpo
que se me pega a la piel
como placenta.
Olvidar tu voz,
el sabor de tu voz sobre mi lengua.
Olvidar incluso tu espejismo
para no saber que te amé
ni que te odié de tal manera.
Constatar que aún estás
aunque no pueda verte,
que en la ausencia de mí
ésta locura se vuelve impertinente
y no me deja escapar
hacia la triste cordura
donde aún están anclados tus ojos.
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| FOTOGRAFÍA ANTONIO SEGURA LEÓN |
23 enero 2011
16 enero 2011
EL CIELO PUNTO COM
Todos ellos habían llegado hasta ahí después de completar exhaustivos cuestionarios. Pero Ana K. se iría a dormir una vez más bajo la mirada crooner de Tom Waits que le decía..."Well...the moon was gold...her hair like wind...she said don´t look back" desde los acordes de "Hold on". Todo había cambiado tanto...Ya no podía tirar sus huesos en el sofá de algún bar para enredarse con el humo y el gin tonic en alguna conversación interminable por la que pasaran Nick Cave o Leonard Cohen. Ahora el aire inmaculado de los bares se intoxicaba de conversaciones banales y puntos suspensivos de los que salían a fumar a la calle. Así que tomó la decisión y antes de lavarse los dientes encendió el penúltimo cigarrillo de la noche y prefirió continuar. Mientras respondía veía las lamparillas noctámbulas del chat y paladeaba alternadamente a Clapton, al Winston, a Joe Cocker o a Johnny Cash. Tendría que esforzarse un poco más , ahora vendría esa parte del relato que no puede ser ejecutado con púa, donde hace falta sacar las uñas y agudizar los sentidos, explorarlos, abrir las compuertas del recuerdo y dejar que fluya esa catarata como entre los dedos de un bluesman.
Apareció un cartel que decía: "Si quiere avanzar en la aplicación agregue el nombre completo de las personas más importantes de su vida". Comenzó a pensar y se dio cuenta que si no arrancaba de una vez, nunca lo haría. Desde la infancia no, muy tedioso, la mayoría ya estarían muertos. Entonces escribió sólo los nombres de aquellos que pudieran sobrevivirla: su hijo, su marido, su amante, sus hermanos, algunos pocos amigos...Un paso más y otra barrera, una nueva aplicación que le decía: "Seleccione una de las personas importantes y describa extensamente los recuerdos en común ".
Escogió a Luis primero y comenzó por aquel día de la primera nieve, recogiendo ramas para echar a un fuego que ya se había extinguido. Intentó describir sus labios morados y helados, sus gruesos guantes, los kilómetros de abrigos que separaban los cuerpos, el olor en el aire de los robles y la bondad de las castañas en magosto. Procuró volcar cada palabra, cada silencio necesario, las peleas, las reconciliaciones.
Durante el día apuntaba en una libreta todas las imágenes que aparecían en su mente, un flashback que entraba en la moviola y nunca se detenía. Entonces se preguntaba cuál sería el siguiente de la lista, cuál era el orden ? Era aleatorio. No lo marcaba la razón. Le costaba desprenderse de todos sus recuerdos que cobraban la identidad de objetos cuando los narraba. En el momento de soltarlos repetía una y otra vez el ritual de cada despedida para dejar de ser un hecho doloroso y transformarse en un estado permanente, quedaban ahí transcriptos en el portal del tiempo y el espacio ocupando un lugar que no podría ser violado ni siquiera después de su muerte.
Pensó en su hijo y reanudó la escritura. La primera vez que notó su presencia dentro del cuerpo, la forma en que su cabeza sobreabultaba su vientre cuando se acomodaba, el primer instante en que lo pusieron en sus brazos, la forma de dormir y de asustarse.
Pero cómo podría describirle el sonido del vuelo de una mariposa, lo sutil, lo inasible, lo inalienable. Todas las veces que le leyó un cuento o las mañanas de domingo cuando juntos pintaban un cuadro.Así fue pasando por toda su vida, día tras día, por toda su vida compartida. Lo escrito. Lo dicho. Lo escuchado. Lo contemplado. Lo fotografiado. Por todos los momentos que además de ella algún otro podría recordar. Escaneó álbum tras álbum. Agregó a ese mundo de humo cada archivo de su música, la banda de sonido de toda su existencia, un songster que ejecuta su última melodía.
Un día cualquiera, después de muchos años, Dante encendió el ordenador y escribió: "Mamá, te extraño". Y alguien del otro lado respondió : "Hola amor, yo también te extraño. ¿Recuerdas esa tarde de verano cuando corrimos por el parque?
09 enero 2011
CADENA PERPETUA
Me has condenado
a la prisión de tu silencio
mutilando sentidos
desgarrando la carne.
No importan para nada
los recuerdos,
van mutando irremediablemente
en otras realidades.
El hombre es ese dios que cree
poseer el vano don
de moldear su pasado
haciendo su presente
soportable...
Pero cuenta solamente
con el fatuo poder
de la palabra
que teme al fuego
y que en el mapa traza
como una coordenada
cualquier hecho fortuito
indeclinable
que ha quedado marcado
para siempre
en esa decadente evolución
de la rueda y los relojes.
Sólo el olvido nos bendice
o nos maldice
con otro comienzo.
a la prisión de tu silencio
mutilando sentidos
desgarrando la carne.
No importan para nada
los recuerdos,
van mutando irremediablemente
en otras realidades.
El hombre es ese dios que cree
poseer el vano don
de moldear su pasado
haciendo su presente
soportable...
Pero cuenta solamente
con el fatuo poder
de la palabra
que teme al fuego
y que en el mapa traza
como una coordenada
cualquier hecho fortuito
indeclinable
que ha quedado marcado
para siempre
en esa decadente evolución
de la rueda y los relojes.
Sólo el olvido nos bendice
o nos maldice
con otro comienzo.
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| Foto Vari Carames www.varicarames.com |
04 enero 2011
TRENES
Subió al tren de las doce.
La ventana entreabierta
y la brisa pasaba
y pasaba la noche.
Su pelo le marcaba
la dimensión,
el rumbo,se apagaron las luces
y comenzó el viaje.
Cruzaron todo un bosque,
una foresta inmensa
de húmedos helechos.
Ella miraba al frente
y el horizonte huía,
él ansiaba abrazar
otro que se acercaba.
Tumbados frente a frentenotaron que el vacío
rozaba sus miradas,
que cada uno viajaba
en un tren diferente.
Aún así se amaban,
se olían, se tocaban
en un vagón imaginario
en el que se prendían
fuego las palabras,
los labios se tornaban
jinetes de carmín
sobre las blancas sábanas. De rubias Afroditas
se poblaron los andenes
y sus cuerpos se apearon
en estaciones con lunas
para verse desnudos
y retomar el viaje
con la piel entrelazada.
![]() |
| Foto Berenice Abbott |
25 diciembre 2010
23 diciembre 2010
Lititz/Santiago
Traté de inventar un fondo...
![]() |
| Fotografía Leo Cobo www.leocobo.es |
que es intangible, infinita
como el universo,
como el universo,
azul, absurda,
divina y monstruosa a la vez,oprimida por las formas,
esclava de la estructura
de los conceptos,
que quiere expandirse
sin materia
y se aterroriza
ante el precipicio,
como un abismo
al que te dejas caer
y vuelas.
TACTO DE FACTO
Desconozco la diferencia entre la suavidad y el desprecio. Para mí son conceptos similares. Desde el 73 no los explico ni los distingo.
Laura se empeña en coleccionar esos huacos eróticos de la cultura moche que para mí solo tienen una finalidad: recordarme que la falta de sensaciones no es algo que te impida vivir ni que te torture, aunque prescindir del tacto no significa prescindir del dolor.
Puedo describir la piel de su espalda con la misma indiferencia que al pasar los dedos por el mármol de una lápida, o sobre esas vasijas del Cuzco que decoran la chimenea, como único escenario donde se repiten las posturas sexuales y los miembros erectos.
Laura sí me siente. Experimenta con mi cuerpo. Supongo que su empeño es inversamente proporcional a mi respuesta. A veces pasa su lengua por mis ingles con lentitud y yo escucho la ligera presión de su rostro entre mis piernas, trato de imaginar el calor húmedo de su saliva, la venenosa y dulce mordedura de su boca. Pero mi estómago no se contrae, no se abren mis poros más de lo que puede abrirse el tejido de las sábanas. Intento mentirle, decirle que lo siento. Y ella simplemente arremete otra vez balanceando la gravedad de sus senos sobre mi torso lampiño.
A menudo deseo ser ciego. No porque sea más digno carecer de un sentido que de otro, sino porque al apagarse el mundo dentro de los ojos, surgen las percepciones olvidadas y muertas que yacen fuera del cuerpo. Ya ni siquiera soy capaz de recordar el contacto helado y el golpe seco de la picana. Mi cerebro por borrarlo, lo borró todo. En la oscuridad de aquella celda se desprendieron de mi las texturas y con ellas el género hombre. Máscaras o vendas, cuerdas, sed y hambre, el persistente dolor de la electricidad en los genitales, ese hedor a chamusquina, el recorrido caliente de las heces y la orina por mis muslos...Y luego una ausencia del mundo que solo yo fui capaz de proclamar cuando me vendaron los ojos con mi propia bufanda.
Tocar, palpar, acariciar, rozar su pubis es un acto mecánico que no conduce a nada. Ese hilo invisible del placer, del goce de su cuerpo, se ha roto y sus cabos se han perdido en la profundidad de mi olvido y mi memoria. Ahora aunque lo intento no soy capaz de unirlos nuevamente. No son mis dedos los que han perdido las huellas de las cosas, es cada centímetro de mi piel que se ha vuelto inerte, loco, que le da lo mismo el calor que el frío, el sudor que el llanto.
Quisiera encontrarme con ese hijo de puta en un interminable simulacro de fusilamiento y devolverle al final todo este vacío con un tiro en las pelotas.
Laura se empeña en coleccionar esos huacos eróticos de la cultura moche que para mí solo tienen una finalidad: recordarme que la falta de sensaciones no es algo que te impida vivir ni que te torture, aunque prescindir del tacto no significa prescindir del dolor.
Puedo describir la piel de su espalda con la misma indiferencia que al pasar los dedos por el mármol de una lápida, o sobre esas vasijas del Cuzco que decoran la chimenea, como único escenario donde se repiten las posturas sexuales y los miembros erectos.
Laura sí me siente. Experimenta con mi cuerpo. Supongo que su empeño es inversamente proporcional a mi respuesta. A veces pasa su lengua por mis ingles con lentitud y yo escucho la ligera presión de su rostro entre mis piernas, trato de imaginar el calor húmedo de su saliva, la venenosa y dulce mordedura de su boca. Pero mi estómago no se contrae, no se abren mis poros más de lo que puede abrirse el tejido de las sábanas. Intento mentirle, decirle que lo siento. Y ella simplemente arremete otra vez balanceando la gravedad de sus senos sobre mi torso lampiño.
A menudo deseo ser ciego. No porque sea más digno carecer de un sentido que de otro, sino porque al apagarse el mundo dentro de los ojos, surgen las percepciones olvidadas y muertas que yacen fuera del cuerpo. Ya ni siquiera soy capaz de recordar el contacto helado y el golpe seco de la picana. Mi cerebro por borrarlo, lo borró todo. En la oscuridad de aquella celda se desprendieron de mi las texturas y con ellas el género hombre. Máscaras o vendas, cuerdas, sed y hambre, el persistente dolor de la electricidad en los genitales, ese hedor a chamusquina, el recorrido caliente de las heces y la orina por mis muslos...Y luego una ausencia del mundo que solo yo fui capaz de proclamar cuando me vendaron los ojos con mi propia bufanda.
Tocar, palpar, acariciar, rozar su pubis es un acto mecánico que no conduce a nada. Ese hilo invisible del placer, del goce de su cuerpo, se ha roto y sus cabos se han perdido en la profundidad de mi olvido y mi memoria. Ahora aunque lo intento no soy capaz de unirlos nuevamente. No son mis dedos los que han perdido las huellas de las cosas, es cada centímetro de mi piel que se ha vuelto inerte, loco, que le da lo mismo el calor que el frío, el sudor que el llanto.
Quisiera encontrarme con ese hijo de puta en un interminable simulacro de fusilamiento y devolverle al final todo este vacío con un tiro en las pelotas.
12 diciembre 2010
29 noviembre 2010
27 noviembre 2010
SI TU FUERAS HAITI...
Tus ojos se hunden
dentro del hueco de tu estómago.
Lejos,
muy lejos de tu atado de piel,
de mugre y de huesos
decidiremos si tu hambre tiene precio.
Mataremos el clamor de la conciencia
para seguir mintiendo.
Hasta que un invisible
recaudador de sueños
haga con ellos otra vez
carroña,
explotación,
indignidad
y hambre.
a Helena Branco
que siempre me hace creer que será posible...
Tus ojos se hunden
dentro del hueco de tu estómago.
Lejos,
muy lejos de tu atado de piel,
de mugre y de huesos
decidiremos si tu hambre tiene precio.
Mataremos el clamor de la conciencia
para seguir mintiendo.
Hasta que un invisible
recaudador de sueños
haga con ellos otra vez
carroña,
explotación,
indignidad
y hambre.
a Helena Branco
que siempre me hace creer que será posible...
![]() |
| F O T O A L I C E S M E E T S |
20 noviembre 2010
DREAM
desdibuja la anatomía
de su angustia,
es todo maceración
de huesos.
Siento que aún
no te arranqué de mí
y ya te has ido,
siento que aquella
carne de mi carne
me ha dado sepultura,
que ha pronunciado
por mí
por mí
una plegaria, que recogió
su atado de recuerdos
y se marchó besando
la tierra que me besa.
Espérame en el parque, corazón,
mientras comienza el juego.
Y cúbrete los pies con la hojarasca,
para que el viento
pueda izarte,
cometa de otoño,
sobre los carballos.Tu corazón es el timón,
tus ojos el velamen,
tus manos van segando el aire.
Pero aquí abajo el juego
se anuda y se desata,
los sueños se entretejen
de anhelos de verano.
La visión del mar
me atrae hacia el poniente.
me atrae hacia el poniente.
En un amanecer
de bocas entreabiertas
asoma el rictus de mi alma,
la mueca de una sombra
y del ocaso.
Juguemos a que el mundo
despierta otra mañana,
a que no estoy
mientras tú estás ausente.
Juguemos a que todo
fue pasado
pretérito imperfecto,
final de melodía.
Juguemos otra vez
las mismas cartas
las mismas cartas
para desconocernos,
para saber que abandonaste
la partida,
la partida,
que hay una baza sin jugar,
que ya no quedan parques
donde esconderse,
que el sueño despertó
del sueño.
Madrid,17/11/10
13 noviembre 2010
MALA SUERTE MARIA
María tenía los ojos del color de la yerba nueva. Su cuerpo moreno amanecía cuando el sol empezaba a despegar el vapor de la tierra...Y un día tras otro, lo primero que hacía era tejer sus trenzas negras. Tenía la frente redonda y mestiza, y sus párpados jamás se plegaban detrás de esas pestañas duras que crecían para abajo. Cumplía doce años algún día de ese diciembre pero no sabía cuál. Abría la puerta de la tapera y sin salir al rocío le tiraba el maíz a las gallinas. Miraba al cielo púrpura y sabía. Sabía todo. Si llovería. Si tendría que recoger pronto la ropa. Si podría salir descalza.
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| Lidija Kristina Klobučar |
Cuando salió dejó el brasero encendido aunque su abuela aún dormía. Así podría poner temprano la olla y tener listo el puchero cuando ella regresara para el mediodía. Ya empezaban a aullar los monos cuando el aire del estero se le antojó más pesado que otros días. Sentía la humedad y el frío del barro seco en las plantas de los pies y se le enredaba un poco la bolsa entre los pastizales. Atravesó la ciénaga sin cantar y al abrirse un poco la selva de lapachos y palmeras, se adivinó allá lejos la estancia, tenuemente iluminada. Un fueguito anunciaba que los gauchos ya estaban mateando.
Pasó por al lado del fogón bajando la cabeza, con sus trenzas gruesas y la nuca dividida por una raya despareja. Don Cito gritaba que no lo dejaran rengo, porque le había tocado sólo un mate, y Aceto encimaba tanto la ronda que la yerba ya se estaba lavando. Las risas se le clavaron en la espalda cuando llegó a la cocina. Todos le hacían el artículo de que no había mejor cebadora, porque le pesaba la pava y con el miedo a quemarse le echaba poca agua al cimarrón y entonces el sabor duraba, estiraba la vida de ese jugo polvoriento, caliente y amargo que los mantenía siempre despiertos como un brevaje de gloria.
Aceto tenía cerca de cincuenta. Siempre andaba contando las historias de su abuelo, que si era unitario o federal y que había luchado por la independencia. Por eso a él no le iban a dejar sin la papeleta, decía. Si el patrón no se la firmaba antes de terminar el año había más estancias en Loreto donde quisieran un capataz bueno para la doma. Aunque tuviera que andar dos horas a caballo. Pero él quería llevarse a María. Le regalaba caramelos, camisetas, pintura de uñas que traía del pueblo para aquerenciarla, y así cuando se tuviera que ir la china quedara prendada.
Si María le pasaba cerca se le secaba la boca, se le calentaba la sangre como agua quemada. Ella olía a flor de alfalfa y a laurel, era como una mariposa azul de la tarde. Entonces él estiraba una pierna en medio de su camino para que viese sus botas de potro y se metía los pulgares dentro de la rastra de plata, con los brazos en jarra, como si fuese a bailar un malambo. Decían que Aceto había cazado un yacaré y una boa para unos franceses que vinieron a hacer una película y pararon en la estancia. Tenía fama de usar bien el rebenque y de tener muchos hijos.
María se preparaba un tecito de yuyos porque le dolía la barriga. Las viejas de la casa le decían panza verde porque andaba todo el día haciendo rezongar la bombilla mientras limpiaba.
"Vos te hacés querer haciéndole la comida y poniéndole bien la faja. Él seguro que no te molesta para nada, solamente cuando necesite un poco de cariño." Y esas palabras la asqueaban.
Pero María no se imaginaba con Aceto. Su padre había muerto joven pero Aceto era más viejo. "Y si quedás preñada, nena, corteza hervida con orégano y en dos o tres días lo largás todo. No tengas chicos todavía." Pero María no se imaginaba con Aceto. Ella todavía quería correr persiguiendo cuises, tirarle piedras a los loros, esperar a los sábalos en los rincones del río y ver pasar las víboras para enroscarlas con un palo hacia la orilla. Nunca, en todos sus once años, le había tenido miedo a las pirañas.
07 noviembre 2010
PLAY
Juguemos a que el mundo se despierta
y nadie sabe adónde fue la muerte.
Todos sucumben a la estruendosa vida
que aguarda en los estanques
donde ahogarse es imposible.
Juguemos a que los insensatos sueños son factibles,
y a que la lluvia no cesa ni el sol se pone.
Juguemos a este juego ...
y nadie sabe adónde fue la muerte.
Todos sucumben a la estruendosa vida
que aguarda en los estanques
donde ahogarse es imposible.
Juguemos a que los insensatos sueños son factibles,
y a que la lluvia no cesa ni el sol se pone.
Juguemos a este juego ...
"NO LE DIGAS NADA A NADIE"
"No le digas nada a nadie". Fue lo último que escuchó al colgar el teléfono. Le quedaban diez minutos para terminar el desayuno y volar a la oficina. Si Santa Fe estaba muy cargada ganaría tiempo por Libertador. El salón estaba ordenado, estaría por llegar Miriam, tenía mucha ropa que lavar. Miki aún dormía, le iba a dejar en el salón "los mil ladrillos". Ese juego había dado ya tantas vueltas que no soportaría otra mudanza. "Que los use, si los pierde los perdió y punto". Llevaba treinta años dando vueltas por los armarios y Miki se lo pedía cada vez que lo veía. Si dejaban la casa en un mes había que embalarlo todo y sacar los pasajes sin demoras. Escuchó las llaves en la puerta. Desde el balcón vió como la paraguaya se sacaba la campera. Entró y cerró con fuerza, todavía estaba fresco afuera. Dejó la taza en la pileta de la cocina y se fue a darle un beso a Miki.
"Merde" pensó. "Si ésta me lo lee se va a dar cuenta de todo".
Cuando entró al despacho sentía la ropa pegada al cuerpo por el sudor, estaba agitada, tenía palpitaciones y se fue a servir un vaso de agua. Sonó la alarma del móvil. El teléfono desde el cuál llegaba el mensaje era desconocido pero ponía "30.000 dólares". Se quedó vacía, con la mente en blanco, no tenía ni idea de qué se trataba. Casi al segundo entró otro. Se veía una foto de Miki sentado en la mesa del comedor, jugando con una pirámide de ladrillitos blancos de plástico. No estaba asustado, sonreía feliz porque le encantaba ese juego. Sonó otra vez la alarma: "En dos horas". No se dió cuenta de que se le habían doblado las piernas y María y Joaquín ya la estaban levantando del suelo. "Sentate acá" le dijeron. "Soltame, me tengo que ir". Ni siquiera vió sus caras, apenas escuchó la voz de María que le gritaba : "Estás loca?". El banco abría a las diez, se preguntaba cuánto tardarían en acceder a la caja de seguridad, a veces está ajustada para entrar en horas determinadas. Su auto roncaba cada vez que metía un cambio. Lo dejó en la puerta, abierto, algo sobre la acera, y entró como una ráfaga. No supo cómo habló, ni qué dijo, pero al rato el empleado la estaba bajando a la bóveda. Abrió la caja y metió los fajos de billetes en el bolso. Salió dejando la llave sobre el mostrador. Su auto de camino se transformó en la silla eléctrica. De un frenazo lo montó sobre un cantero de la entrada y se lanzó por las escaleras. Al abrir la puerta de su casa vió a dos tipos en el salón, tiró el bolso sobre la mesa: "Ahí los tenés". Abrazó a su hijo y no le importó nada de lo que ocurrió luego. Vaciaron el bolso y se fueron al terminar la faena. Ella todavía temblaba, abrazada a Miki, sabiendo que nunca más volvería a ver la cara de esa furiosa ciudad.![]() |
| JERRY N. UELSMANN |
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