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09 junio 2021

METAMORFOSIS


En las vísperas de las metamorfosis, 

de todas las metamorfosis posibles, 

existe un

laboratorio íntimo que está entre la luz y la sombra, 

que adora los túneles y las 

cavernas. 

Pero en las planicies y en los desiertos, 

solo se aligera el paso con el auxilio 

de un recurso tan viejo como el hombre: 

el deseo, 

que toma desprevenida a un alma 

y la hace suya.

30 agosto 2013

Qué será..Será

"Discrepo con el modo
en que discurre mi pasado.
No logro hacer reír
a la niña que tengo
ahí sentada en la cocina.
Sus manos descansan
como pétalos
pero su corazón galopa".




13 agosto 2013

Aquí y ahora



Ni músculo.
Ni sangre.
Mi corazón se deja morder por la mirada.
Se come a pedazos pegoteados.
Se deshace en los dedos.
Se disuelve en la lengua.
Se encadena a la lluvia
y a las venas de sal de las lágrimas.
Se funde sobre fuego.
Se endurece en el roble.
Se viste de pétalos azules
y peces de colores.
No hay agua para su sed
ni monstruos para sus sueños.









23 julio 2013

Falsario

Una calle y después
La noche. Dos perros
Ladran su insomnio
A las estrellas. Me espanta
La soledad del universo.
Cuento lagartijas
En la sombra.
Sobre las piedras
Un gato encuentra
El postre. La vida
Es lo que ya pasó.
 

 
¿ Y si tal vez, para salvarte de tí mismo, reconstruyeras las palabras que murieron derrotadas por el silencio de los besos ?

33 Palabras



Un sueño fugaz
La vida hace un instante
Lo que me une a tí
Es un lugar llamado
YO CREO
Un ángel que cae y sueña
Con un lobo encerrado
En sí mismo.
 
 
Y hasta que aprenda a volar se ruega al autor evitar el límite de las alturas...
 

17 mayo 2013

RETROVERSO







Vino a buscarnos la ceguera
con un manto de niebla y de locura.
La bendición de las sombras
cuando el sol y lo que no es el sol
te queman.
La maldición de la oscuridad
del alma en la basura.
El olor de la piel.
Sudor y chamusquina.
Descalzo.  Anómalo.
Circunflexo.
Muerte a los gramáticos
y a los psicólogos
y a todos los que portan la palabra
como un nervio axilar que enciende el plexo
raquídeo y mixto
en brazos infinitos.
No es odio.  No.
No te equivoques.
Es dolor visceral
universal
enfermo
por haberte dado tanto
tiempo de descuento.










DESCUIDO







No puedo abarcar la inmensidad
entre tanto pequeño desconsuelo
lo inmensamente bueno de estar solo
finalmente en silencio
escuchando el destino de los astros
las inefables y ruinosas
mañanas de los muertos
cuando las viejas se acercan a sus tumbas
a poner flores y llevarse tierra en el pañuelo
despuntar el lápiz sobre una papelera rota
hasta que desaparezca entre los dedos
y mirar una estrella hasta que caiga
o morder tu boca hasta que se convierta en beso.









07 septiembre 2012

Save My Soul

Foto Carlos Pereira

Tú y yo sabemos
lo que hay detrás 
del contestador...
Llamadas perdidas
y palabras no encontradas
buzones de voz
vacíos de voces
túneles oscuros
sin cobertura
manos libres que se tocan
pero no se abrazan
mensajes de texto
sin contexto
inalámbricos sentimientos
de adsl.

Adriana Fernández Lagoa ©



15 julio 2012

SECRETO





Tengo una muñeca de trapo
con cabeza de piedra.
Creen que es puta
porque sueña
porque aunque cada noche
vuelvo a deshacerla
su cabeza de piedra siente
y no consigo hacerla callar.
Le pondré pendientes 
de oro para que escuche 
lo que piensan de ella
y le pintaré de rojo la boca
para que tenga corazón
y pueda dolerme.

Adriana Fernández Lagoa ©




07 julio 2012

SALVARSE

FOTO SERGIO LARRAÍN

La única manera de salvarse
de rescatar lo poco que quede 
vivo dentro de estos
efímeros cuerpos que habitamos
es rescatar la piel
el tacto 
la sonrisa
la mano caliente sobre el cuello
la mirada
salir de sí mismos
para habitar en otros.


Adriana Fernández Lagoa ©




17 junio 2012



LA PIEDRA DE LA LOCURA



“The Extraction of the Stone of Madness”, a painting by Hieronymus Bosch depicting trepanation (c.1488-1516)




Mira por el ventanal cómo el sonido del agua cae sobre el agua.  Oculta en la sombra de la salita de estar, escruta los cristales mojados de la residencia.   En su rostro sobrevive una sonrisa, aunque en su mirada, hace tiempo desapareció la intención de las persecuciones y las búsquedas, y queda sólo una expresión deshojada de memorias.   Van y vienen las frases, los nombres,  las canciones, las secuencias interminables, los rostros, las tardes mondando fruta, patios mojados, canceles cerradas, trigo y millo amontonado, fuego en algún pajar... Hay un momento sin embargo en que recobra el sentido, en que extrañamente mira alrededor y reconoce a los dinosaurios.  Los ve.  Se deslizan pesadamente por el jardín.  Se lleva con lentitud extrema una mano a la cara y se frota los ojos.  Quiere ponerse de pie pero está atada a la silla.  Alguien se acerca y toma asiento a su lado. Le sonríe y le dice dos o tres cosas inconexas.  Abre un periódico y comienza a leerle en voz alta.  De nuevo ese temblor.  Levanta un poco la mirada y allá arriba en la colina, por encima de la estampa del jardín, ve el mausoleo.  No recuerda quién está ahí.  Busca.  Intenta.  Rastrea.  Se sumerge otra vez.  Cree que sólo lo habitan libros pero no está segura.  No llegan los nombres a su lengua.  Ni la voz. Se va, se escapa por el camino de los cipreses mientras se acerca la enfermera.  Trae un embudo puesto en la cabeza y en la mano un tulipán, y le sonríe extendiéndole una gelatina de fresa llena de pastillas.
Ahora recuerda al asteroide.  Esa inmensa bola  que impactó contra la tierra.   Siente como si hubiese caído directamente sobre su cabeza.  Alguien grita del otro lado de la sala, resucitaron todos sus muertos y cree que lo vienen a buscar para llevárselo.  Hay distintos tipos de cárceles pero las visitas de los domingos son todas iguales.  De nuevo la locura.  Cierra los ojos esperando que pase.  Lo ve de pie junto a ella, es otro dinosaurio.  Se están extinguiendo uno a uno.  Se encogen, se arrastran, empujan carros metálicos que los sujetan, sus piernas ya no soportan su propio peso.  La gravedad no ha sucumbido a la vejez.  Es un cambio en el eje de la tierra.  Quiere dormir, dormir.  Volver al líquido amniótico.  Cae la noche sobre la colina y el mausoleo se ilumina como una ciudad, está desierto.  Y piensa por última vez que ya no quedan niños,  pero no importa.  Que las ballenas están volviendo a la tierra a suicidarse y ella sonríe todavía, mirando la lluvia.  Y que la piedra de la locura sigue fragmentándose una y otra vez en infinitos universos.


Adriana Fernández Lagoa ©






19 mayo 2012

palabras

FOTO LUIS LUMBRERAS

Palabras.
Palabras. Palabras.
Todas Iguales.
Un Cocktail de Palabras.
Yo quiero sensaciones diferentes.
Que un Trozo de Poema se levante
y me estampe un Puñetazo en la Cara.
Ya no puedo encontrar nada.
Nada
en el orden de las Páginas.
La vida no es Así,
Prolija y Moderada.
Irrumpe como Arcadas Convulsas.
Destroza como un Tsunami
la parsimonia de la tarde
en la que quedan flotando
las colillas
las tazas de té
los almohadones
y nuestros orgasmos en el aire.

Adriana Fernández Lagoa ©



04 mayo 2012

El viajero siempre está partiendo



Foto Jerry Uelsmann


El viajero siempre está partiendo.
Cómo puedes explicar el amor
cuando nada te ata?
Cuando apenas se tocan 
las puntas de los dedos
en un inefable adiós.
Cuando llevas sólo 
por equipaje a ti mismo.
Cuando te has desprendido
tantas veces de todo
sin siquiera venderlo.
Salir otra vez
rumbo a otro puerto
esperando que sea el último
y saber íntimamente
que la única constante
es el movimiento
la marea
la mutación
el cambio
la metamorfosis
el viaje interminable del deseo
de no poseer nada
más que a ti mismo.

Adriana Fernández Lagoa ©





03 abril 2012

CISNES DE CENIZA




"He cometido
crímenes infames.
Maté a un cisne
cuando era burgués.
Tuve su cuello entre mis manos.
En las ciudades
ya no quedan cisnes.
Sólo caen sus cuerpos
desgranados
de vez en cuando
entre la nieve.
Ellos y yo
compartimos realidades
desde que me habitan sus fantasmas.
En algunos lugares
sólo llueven cisnes."


Adriana Fernández Lagoa ©



22 marzo 2012

Las Palabras


"Las palabras conforman nuestra realidad. A menudo escuchamos decir:"lo que no se nombra no existe"...El verbo echó a rodar la vida, que se fue enriqueciendo con el valor simbólico de la palabra, aquella que concentra lo más trivial o lo más trascendente. La palabra evocadora, guerrera, tranquilizadora, motivadora, la que lleva toda la carga del universo de quien la pronuncia y de la voluntad con que es pronunciada. Sólo basta ver su efecto inspirador a través de la historia. Sin embargo hay palabras que decimos poco: hijo, madre, padre, te quiero, siempre, me haces falta, me emocionas. Hay palabras que, pronunciadas, generan una onda expansiva, una energía demoledora. Palabras que nos conducen por el laberinto de las emociones si estamos dispuestos a escuchar la voz adecuada. Y también existe el efecto liberador de la palabra. Como vehículo para soltar frustraciones y angustias, el mapa del dolor en los fonemas. Dice Alex Rovira en su libro "Palabras que curan" citando a Jordi Nadal que "a quien más teme el dictador es al poeta. Por ello el ser humano que pone voz a lo esencial, desde la desnudez, el que sana el alma individual y colectiva con la voz, con el verbo, acostumbra a ser el primero en morir fusilado o con un tiro por la espalda". Somos dictadores de nosotros mismos, amordazamos los sentimientos y los miedos para no decir con la lucidez y con la inocencia de aquel niño del cuento: "El Rey está desnudo!" Elegir las palabras adecuadas es un ejercicio que lleva toda la vida. Y no hay nada tan triste como enmudecer por temor a pronunciar la palabra reveladora, aquella que pudiendo arrojar luz sobre la conciencia, percatándonos de que estamos aquí independientemente de nuestro nombre y de nuestro cuerpo, calla y nos sumerge en el silencio y en la sombra. La palabra como mantra, liberadora de la mente, protectora de los ciclos del pensamiento, la palabra como ritual de comunicación con los demás y con nosotros mismos, la palabra como carga poética.
En una explosión cósmica dice Paul Elouard:
"Al alba te amo
tengo toda la noche en las venas"
Y Vicente Nuñez:
"Me hubiera gustado y sé que no lo he conseguido, ser un poema"
Pero para mí, el súmmum de la coexistencia entre hombre y poesía es este párrafo de Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal:
"La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte. Y no había lágrimas en nuestros ojos ni pesadumbre alguna en nuestros corazones; porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas frágiles) nos parecía llevar no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido"
Adriana Fernández Lagoa ©

12 marzo 2012

BIG BANG III


Foto Mariana Corcuera
                                                                                

          Fernando estaba recostado en la camioneta con los pies cruzados sobre la ventanilla abierta. El sol calentaba con impertinencia sus pantorrillas. A pesar de haber abierto los ojos aún no veía el cielo sobre Campo Negro. Ante su hipnótica mirada, la brisa ondulaba una sábana blanca, sujeta con tres broches a una soga en la terraza de Vidt. Su mente la empujaba con el retardo entrecortado que imprimen varios cuadros menos por segundo a los recuerdos. Palermo era en esos años todavía un barrio en el que se jugaba al football en las esquinas. Las familias no pertenecían necesariamente a la misma clase social, pero sus hijos compartían la vereda sin complejos y sin adoctrinamientos. Era una ignorancia poderosa desconocer todo de los otros. Un desconocimiento de los detalles y un saber profundo, certero, de otras verdades que sin embargo no estaban a la vista.
          Ninguno de ellos necesitaba descubrir la profesión de los padres de alguien para saber cómo eran.  Hasta los catorce años imperó un concepto de padres colectivos. Todos aprendieron de un padre médico, de otro borracho, de uno kinesiólogo y hasta del ausente. En la balaustrada de piedra de esa terraza, quedaban los esqueletos de tres columnas que el Flaco y él habían molido a martillazos. Y los hierros retorcidos, para dejar despejada la vista de la calle, de la casa del Flaco y del balcón de Jimena. La primera vez que la vio llevaba un abrigo blanco, tendría siete años. Quizás es a los siete años cuando el mundo en torno nuestro comienza a cobrar sentido, o es que algo aparece y organiza el caos, le da forma, y creemos que se llama amor. En todo caso era la iniciación, el viaje a los deseos. Con los ojos entrecerrados recorrió los fantasmas inesperados de su memoria, los fue desvistiendo como si la pintara desnuda.
          Jimena era menuda, frágil, enfermiza. Su madre la sentaba todas las tardes en el balcón para que le diera el sol, como a una planta. Fernando, si no estaba en el colegio o sentado a la mesa, vivía agazapado en la terraza, atrincherado detrás de algún trasto, tirando proyectiles a los vidrios con una gomera. También era el lugar donde guardaban toda la artillería. Debajo de la pileta para lavar la ropa escondían a los acuanautas, esperando a fondo seco el momento de sumergirse en el tacho de hojalata, con sus patas de rana, sus tanques de oxígeno y sus pastillas de alka seltzer atadas con hilo de coser.
          Los amores de la infancia atraviesan el alma como una daga. La fingida indiferencia los vuelve efímeros y eternos, nunca más se vuelve a estar vivo sin ellos. Y cuando has muerto a uno has muerto a todos.  Te vuelves traslúcido, trasparente, sigues andando por la vida con ese sentimiento de que lo has perdido todo. Fernando y Jimena para no resignar ese amor fueron amigos, colegas, compañeros. Fernando estudió magisterio y psicología, y Jimena se metió en derecho. No pudieron con el peso de las ideologías y cuando las cosas se pusieron difíciles en las facultades, se juntaron una noche en la casa del Negro y decidieron irse los tres. Salieron del país por Brasil. Los primeros años fueron fáciles fuera de Argentina, donde el aire se había vuelto irrespirable. Mientras las calles se inundaban de banderas y bombos festejando goles, ellos pensaban en la revolución de Saur, la palabra persa que significa primavera, y pensaban que el gobierno de Estados Unidos preparaba lo que sería luego la Operación Ciclón y que Kissinger visitaba el vestuario de la selección argentina y anunciaba por televisión que “el país tenía un gran futuro a todo nivel”, un futuro que estaba encerrado en los sótanos, desnudo y picaneado, escuchando los partidos por altoparlantes para que no se los perdieran los carceleros.
          Abrió los ojos sin remedio. El sol ya estaba muy alto como para seguir durmiendo. Era un tramo complicado el que venía por delante pero tenía el tanque lleno. En un par de horas estaría en Cafayate. Desde ahí, si conducía sin parar toda la tarde, pasaría la noche en Chilecito.


Capítulos anteriores


05 marzo 2012

CUERPOS

Fotografía Saul Leiter


Tu carne esconde
la inconsciencia
de quien no ha sufrido,
pero tu boca bebe
de unos pechos
que conocen el deseo.
Tus ojos ostentan
esa vacuidad
de quien no padece
y aún así son bellos,
con una belleza que no duele.
Si todo se reduce a eso
tener por un momento
la pretensión de saber
de qué estamos hechos.

12 febrero 2012

LAS CUCARACHAS

FOTO DAVID ESCUDERO

     

     Ya se estaba acercando a la entrada cuando los vio.  Sutilmente desordenados, esperando.   Ella acompañaba con un lento zig zag de sus pies el movimiento imaginario de la acera.  Su cuerpo avanzaba inmóvil, en realidad era su bastón el que tiraba de la acción hacia adelante.
     Algo encorvada pero con cierto brillo en los ojos, su existencia la prolongaba más allá de lo respetable; y cada instante, como Melmoth el Errabundo, esperaba encontrar a alguien que la liberase.  Tal vez por eso, mientras ellos vieron la presa, ella inmediatamente identificó al liberador.
     Al llegar junto a la entrada volvió a mirarlos, inquisidoramente.  Ellos estaban de pie junto al cantero, colocados como para una foto familiar; sólo el niño subía y bajaba de dos en dos los escalones, saltando una y otra vez como si jugase a la rayuela.
     Se dispuso a embocar la llave en la cerradura y el más joven de los hombres, tomándole la mano con cuidado le dijo:
- Seguro que no se acuerda de mí...Vengo a traerle una carta de su hijo.
     Giró la cabeza para pasar la mirada por los rostros pero ninguno le era familiar, así que preguntó:
- De quién?  De Ricardo?
- Sí, de Ricardo.- Dijo el hombre joven, sonriendo, mientras la empujaba hacia el palier.
     Antes de que pudiera evitarlo ya estaban todos con ella en el ascensor.  Un silencio incómodo obligó a la mujer más joven a preguntarle:
- Le puedo preguntar cuántos años tiene?- Parecía tan sinceramente interesada que ella respondió:
- Noventa y dos m´hijita...
- Qué bien está! Tiene una piel muy bonita!
     Le pareció estúpida pero sabía que no lo era.  Cayó en la cuenta de que ella también podía preguntar ¿"De dónde es la carta"?.  Pero temía la respuesta y qué sentido tenía hacerlo.  Ya no había vuelta atrás.
     Abrió la puerta del piso y entraron todos detrás de ella.  Las dos personas mayores, que parecían los abuelos del niño, hicieron entonces su aparición:
- Qué hermoso departamento!- exclamó el hombre mayor.
- Una maravilla esa mesa. De dónde es? 
- De Brasil- contestó ella.  Y mientras lo hacía pensaba que lo mismo hubiera dicho "apoplegía", porque a él le importaba bien poco de dónde era la mesa.
     Entró a la cocina y puso la cafetera sobre el fuego.  No sabía si ofrecerles asiento o dejarlos hurgar los rincones, pero tomó la iniciativa la mujer de sonrisa estúpida.
- Siéntese que el té lo hago yo.
     Y con una mano pesada sobre el hombro la obligó a sentarse.  Le acercó una taza de té oscuro y humeante y se quedó un instante de pie junto a ella.  Entró el resto de la tribu a la cocina y se sentaron alrededor de la mesa, hablando y preguntando trivialidades.
     Recuperó, gracias a los efectos del té, unos recuerdos largamente perdidos; y aunque las voces seguían parloteando palabras sin sentido, ella veía una niña de trenzas bajo un limonero, en la casa de Salta, llevando la marmita con la vianda para su madre.
     Las voces se disiparon, dispersas por la casa.  Cruzó los brazos sobre la mesa y apoyó la frente en ellos.  La cabeza pesaba una tonelada.  Sentía los pasos por los corredores, las puertas que se abrían y cerraban, las manos hurgando en los cajones.
     Los secretos que hurtaban las cucarachas olían a alcanfor y tomaban cuerpo en su mente confusa: el collar que usó en la recepción de la embajada, el reloj en el que miró la hora de la muerte de su padre.
     Abrió los ojos o eso le pareció y el niño estaba sentado a su lado, vigilante, listo para dar la voz de alarma si gritaba.  Sus ojos se clavaron en los de ella.  Nunca había visto a un niño mirar de esa manera.  Un niño que tenía el poder de un disparo.  Ahí estaba: su liberador.  
     Pero no se inmutó, ni siquiera pestaneó.  Y ella lo vio tan quieto que supo que era huérfano.  La muerte de una vieja era una carga demasiado pesada para un huérfano.  Así que cerró los ojos y esperó, soñando el robo de un interminable pasado, a que las cucarachas abandonaran el barco.


Adriana Fernández Lagoa

21 enero 2012

GOOD MORNING PROFESSOR





      Año 1972.  Se editó por primera vez "Las Tumbas".  Un libro crudo, realista, despiadado por los ecos de un mundo desconocido...El de los Reformatorios.

    "Las Tumbas  era un libro que no tenía competencia, salí directamente a buscar un público.  Era un tema que, hasta ese momento, no se había tratado en la literatura argentina."

      Enrique Medina no escribe su primer libro como producto de una casualidad; ya había recorrido Latinoamérica con una compañía de marionetas e incursionado en el cine, en el teatro y en la televisión.

    "Me acuerdo que a mi vieja le dije: -Me voy por tres meses.-  Recién a los cinco meses le escribí la primera carta.  Volví casi a los diez años.  Recorrí toda Latinoamérica hasta México.  Cuando estuve a punto de saltar a Estados Unidos arrugué...De eso me arrepiento, porque creo que me hubiera ido bien.  Me quedó siempre esa duda".

     Cuando estudiaba pintura en la Escuela Manuel Belgrano iba con sus compañeros al Teatro Florida a ver un espectáculo de streeptease.  El grupo de jóvenes se había hecho conocido en el lugar y muchas veces al llegar, les daban un palco.  El Obelisco era testigo de sus bromas.  Se encontraban a menudo con Hugo del Carril que vivía cerca.

     Para ese entonces, Medina entretejía historias y escribía capítulos de aquella novela que tendría forma definitiva recién en 1976.  "Strip-Tease".

    "Yo había leído mucho, muchísimo, a los popes de ese tiempo: Victoria Ocampo, Borges, Bioy Casares...Todos habían sido acusados de europeizantes.  Ellos entendían el país, la sociedad, la vida desde su condición social.  Yo tenía que hacer lo mismo, copiar el punto de vista para tocar los temas que ellos no tocaban porque los desconocían, ya sea porque no les interesaban o tal vez los desdeñaban.  Lo que ellos no hacían yo sí podía hacerlo.  Entendí que siendo fiel a mi estrato social podía plantear problemas diferentes, historias diferentes, personajes diferentes y un estilo literario diferente.  Con todo lo que ellos decían "no hay que escribir", con los deshechos del lenguaje, yo hice un nuevo espacio literario."

     Con un lenguaje literario que en aquel momento fue llamado soez, escribir determinado tipo de palabras suponía una funcionalidad, era considerado transgresor. Autor discutido, cuyos libros no podían exhibirse de la mitad de las librerías hacia adelante, fue convocado por una universidad de los Estados Unidos como profesor de literatura.  Desde Buenos Aires llegaban cartas rechazando la edición de "Las muecas del Miedo".  Enrique Medina recuerda aún hoy las voces de sus alumnos que, al cruzar el campus por la mañana, lo saludaban: -Good Morning, professor!.


Adriana Fernández Lagoa     
para Revista Mosaico
Buenos Aires, 1995 


http://aesteladodelatumba.contrabanda.org/2012/02/06/06-02-2012/

A Este Lado de la Tumba
Lun, de 19 h a 21,30  hs en Contrabanda FM, Radio Libre de Barcelona

Cuentos oscuros que declaran la guerra a la estupidez; poesía moribunda para resucitados; lluvia para los días de sol.  Radioliteratura contra la cultura basura, esperpento literario para el fin del mundo, o simplemente, Amor y Muerte para Tod@s.


20 diciembre 2011

Que Será, Será



"Discrepo con el modo
en que discurre mi pasado.
No logro hacer reír
a la niña que tengo
ahí sentada en la cocina.
Sus manos descansan
como pétalos
pero su corazón galopa".



04 diciembre 2011

EL HIJO DEL MINISTRO

     Creía que nunca me volvería a pesar tanto una valija como aquel flamante portafolios de cuero marrón del colegio. A la salida de clases formábamos un pequeño grupo con el tano Tenembaum, con Hojman, con el vasco Oyonarte y nos íbamos a la estación de Plaza Once, que quedaba muy cerca, para jugar a emborrachar nuestros trece años de marmotas con unos brillantes y sudados tubos de moscato; costaban chauchas pues lo verdaderamente codiciado y costoso era el especial de jamón y queso que vendían, con un pan blanco y crujiente de corteza blandita, que resplandecía dentro de una campana de vidrio, cargado de un jamón cocido que nunca más olió igual y un queso cortado a máquina, grueso y algo picante. Comer el especial implicaba el sacrificio de volver caminando a casa, y volver de Plaza Once a Plaza Italia era demasiado; quedaba muy lesionado al día siguiente, me costaba ponerme los zapatos y tenía que repartir paquetes en la fábrica de mi tío.  


     Mi padre era muy estricto acerca de que los niños manejáramos dinero, pero no era muy contemplativo de las leyes laborales y su peronismo no se aplicaba a la doctrina casera; a él, que en el barrio lo llamaban el Ministro, nadie le iba a reprochar que le saliera un hijo vago. Así que inventaba múltiples ocupaciones para nosotros, en lo posible siempre unos cuantos barrios más lejos de donde tenía su bulín, en el que vivió la mayor parte del tiempo la vecina, Antonieta.
     En todas las épocas hubo alguien que supo aprovecharse de las desesperaciones ajenas. Y en esa época fue Domínguez. Me había dicho: “Si me prestás las témperas, te compro un sánguche, un especial” . “Hecho”. Y en la clase de dibujo presencié indignado cómo apretaba los pomos despiadadamente, vaciando en las hojas Canson toneladas de pintura. Yo le decía: “Pará!” y él, cínico, repetía: “Me gusta la textura”.   Así que yo me consolaba pensando en el especial de jamón y queso y en cómo se me iba a deshacer dentro de la boca.
     A la salida fuimos a la estación a pedir nuestros moscatos y se nos añadió la apalabrada compañía de Domínguez, con los soquetes caídos y la valija escrita con birome. Al llegar a los mostradores que escondían los barriles, Dominguez pidió “un especial” y apenas se lo entregaron le hincó el diente de tal manera que se llevó por delante medio sánguche. “Qué me dijiste cara dura?. Teníamos un trato!”. “Sí, como vos decís, teníamos” y se echó a correr agarrando la valija.   No me dio tiempo de reaccionar o ahí mismo le hubiese puesto el ojo morado.  Pero les dije a los muchachos: “Mañana lo mato a piñas”.
     Me pasé el día disfrutando de la visión de la cara mormosa de Domínguez. Al llegar por la tarde al colegio se separaba la muchedumbre a mi paso como en un western que espera su duelo al sol. Se corría la voz por todas las aulas: “Hay piña”. “A la salida hay piña”.

FOTO ARTEOSCURA

     El retado a duelo ni siquiera se enteró por mí. La masa quinceañera lo aupó como posible vencedor antes de que se diera cuenta del tamaño de sus brazos y sus piernas de escarbadientes.
En el primer recreo desapareció la población escolar del patio; en cambio en Plaza Once, al pie de las masónicas cenizas del monumento a Rivadavia, se formó un círculo de guardapolvos grises. Domínguez y yo, frente a frente, separados por dos metros de polvo de ladrillo. Comenzó a saltar como un púgil peso pluma y a mover los puños de manera frenética, mientras su jopo engominado se resistía a caer sobre los ojos. Cada vez que yo tiraba un puñetazo gritaba “Oooooleeeee” y lo esquivaba. Pero en mi pecho y en mi estómago ardía la humillación del especial robado y la visión que me había alimentado durante todo el día. Entonces, sin amagar siquiera, embestí como un toro bravo; me tiré encima de él y empecé a pegarle en la cara. Veía sus ojos de terror y sus mejillas enrojecidas, pero todo en mi cabeza eran témperas y sánguches que gritaban “Justicia!”.
     Si nos hubieran separado un minuto antes se hubiera ahorrado el ojo morado pero, al fin y al cabo, tenía su lección y ya no se haría el listo con nadie. Yo, ese día me fuí a pie a casa. No me acuerdo de haber caminado, sino de haber sido transportado por mis pensamientos. Las témperas vacías que me compró mi vieja. Los paquetes inmensos que me esperaban en la fábrica. Los especiales que me podría haber comprado con un sueldo. Y la cara mormosa del Ministro, si verdaderamente existiera la justicia.


27 noviembre 2011

OTRO GATO DE CHOCOLATE

FOTO GUILLERMO ASIÁN


"Cual un gato
resbala el sol 
por los tejados
veinticinco centímetros
de cálido placer
a traves de mi ventana
otro jesús de chocolate
gime su condena
mientras yo escupo la mía
sobre el sofá, en un cuadro
de ketchup y mostaza
el chocolate me indigesta
cortaré mi cabeza
y la dejaré sobre la chimenea
al menos seré yo
mi propio trofeo"

Adriana Fernández Lagoa©

25 octubre 2011

(O)TANATOS




FOTOGRAFIA DAVID ESCUDERO




He soñado con flores

y con piedras


con el fuego originario

el fuego de la primera antorcha

como si fuera 

un mensaje en la botella.

Tú has soñado con lo mismo.

Mi sueño está en Madrid

en Casablanca

en El Cairo

en Nueva York

en China

y en Bombay.

En un infinito 

tránsito nocturno

de recuerdos cifrados.

Qué modelo 

de vida te separa

de tu más remoto

antepasado.

Su perfume se mezcla

de fluidos temporales

se aproxima

como un animal extinto.

Dame un poco de pintura 

y feromonas

y escríbeme en el cuerpo

tu proclama.

No puedo construir

en esta mansedumbre

tu voz es como

una pancarta ciega

una vejez sin rostro

un pelo rojo pagando

con manos excitadas

el billete de la lotería

un hombre con sus bolsas

que por fin esta mañana

logró que alguien le diera

su bocata de tortilla.

Lo ves?

Somos linaje de sueño y pesadilla.

No quiero amanecer

en este cuerpo prostituido

donde el futuro me depara

sólo a mí mismo.

Prefiero estar lejos

lejos

al otro lado

seguir siendo un espejismo

yo soy el paraíso

la tierra prometida

a la que vienen a morir 

de jornaleros

verás que te esclavizo

no tienes mis derechos

es mentira 

que seamos iguales

hasta para morir

eres sólo un eslabón

de mi cadena alimenticia

quédate donde estás

no vengas a comerte mis miserias

prefiero seguir siendo lo que creo

devorémonos los unos a los otros

en esta ridícula parcela

mientras se hidrata Europa

de sangre y de petróleo

desmiénteme

tu hambre y tu sequía

y grita

salvaje

hasta que me despiertes.


Adriana Fernández Lagoa©